Una cebolla con una pequeña mancha, un tomate golpeado o un envase con la etiqueta mal impresa. Son productos que el mercado descarta aunque se pueden comer sin problema. En el Banco de Alimentos de Quito, en el sur de la capital ecuatoriana, esos alimentos tienen una segunda oportunidad: se revisan, se limpian, se vuelven a empaquetar y se reparten entre personas que los necesitan.
Según la organización, cada día entran en su sistema de recuperación más de 20 toneladas de alimentos comestibles. Proceden de la central de abastos, de supermercados, de micromercados y del sector agrícola. Unos 150 voluntarios diarios, con guantes, delantales y el pelo cubierto, clasifican el producto pieza a pieza.
Comida digna para quien más lo necesita
La entidad calcula que su trabajo llega a unas 60.000 familias al mes a través de comedores, fundaciones, barrios y comunidades, también en zonas rurales. Patricia Pérez, líder de alianzas del banco, lo resume así:
«Buscamos evitar la pérdida y desperdicio de alimentos y entregar estos alimentos a personas de contextos vulnerables, sobre todo niños, madres gestantes, abuelitos en abandono, toda esa población a través de una metodología que garantiza un alimento digno».
Pérez explica que la comida se destina a «60.000 personas atendidas por mes» y que el banco apoya a más de 80 organizaciones del área urbana y rural, y a veces de otras ciudades y provincias de Ecuador.
Brenda Haro, coordinadora de alianzas, detalla por qué se tiran productos en buen estado: «Nosotros tenemos alimentos que tal vez la etiqueta tiene un color equivocado, temas de impresión de letras mayúsculas, minúsculas». Según sus datos, en Quito se pierden alrededor de 400 toneladas de alimentos al día que acaban en vertederos. Ecuador, añade la entidad, ocupa el tercer lugar de Latinoamérica en desnutrición crónica infantil, por lo que Haro sostiene que el reto no es producir más, sino distribuir mejor.
Formación para encontrar empleo
Los voluntarios diarios se llevan comida a casa al terminar la jornada, pero también reciben formación. El banco los acompaña durante cuatro meses con cursos de manipulación de alimentos y, al final, les entrega un certificado que les abre puertas en el mercado laboral. «Lo que nosotros hacemos es cambiarles su perspectiva», afirma Haro.
La iniciativa nació en 2003, cuando un grupo de profesores y voluntarios hizo la primera recuperación de alimentos del país, según la Escuela Politécnica Nacional. Hasta 2022 había rescatado 2,4 millones de kilos de comida y repartido cerca de 2,1 millones a través de más de un centenar de organizaciones. Los datos de la red internacional Global FoodBanking Network para 2025 elevan la cifra: 4.473.793 kilos distribuidos, 93.124 personas atendidas, 107 agencias comunitarias apoyadas y 54.012 niños alcanzados.
Empresas que donan sus excedentes
Detrás de cada caja hay empresas que entregan lo que no pueden vender. Una de ellas es el Grupo KFC, que desde 2018 ha donado 243.000 kilos de alimentos desde sus 85 locales activos, el equivalente a 780.000 platos, según la compañía.
La empresa también anima a su plantilla a colaborar como voluntaria dentro de su programa Harvest. «Este año tenemos 64 voluntarios y vamos a seguir sumando, porque aún no acabamos. Ha aumentado porque en el 2024 tuvimos aproximadamente 54 voluntarios», explica Pamela Córdova, asistente de sostenibilidad del grupo, que quiere que más locales del país se sumen a las donaciones.
Por la redacción de GUAY.news.





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