¿Puede seguir existiendo un país si parte de su territorio queda bajo el agua? ¿Qué pasa con las comunidades que ya no pueden quedarse donde han vivido durante generaciones? Para responder a estas preguntas, los Estados miembros de las Naciones Unidas adoptaron este jueves en la Asamblea General la Declaración de la ONU sobre el aumento del nivel del mar, un texto que busca mejorar la información sobre los riesgos, reforzar la adaptación y la financiación y proteger a las comunidades más expuestas.
Un problema que se acelera
El nivel del mar no solo sube: lo hace cada vez más rápido. En 2024 alcanzó un máximo histórico, y su ritmo de aumento se ha más que duplicado, de unos 2,1 milímetros anuales entre 1993 y 2002 a 4,7 milímetros entre 2015 y 2024. Alrededor de 900 millones de personas, aproximadamente una de cada diez en el mundo, viven en zonas costeras de baja altitud.
Más datos, más adaptación, más financiación
Los países acordaron reforzar la observación científica, la recogida de datos y los modelos, además de mejorar las alertas tempranas y las evaluaciones de riesgo. Esa información servirá para decidir dónde y cómo construir, qué zonas necesitan más protección y qué servicios reforzar antes de que aumenten las inundaciones. Puertos, hospitales, sistemas de agua y energía, transporte y telecomunicaciones tendrán que planificarse teniendo en cuenta la evolución del mar en las próximas décadas.
La respuesta no pasa solo por obras. Manglares, arrecifes de coral y humedales refuerzan la resiliencia frente a inundaciones y tormentas, por lo que su protección y restauración forman parte de las medidas. Y como algunos de los países más expuestos son los que menos recursos tienen, la declaración pide aumentar la financiación pública y privada para los países en desarrollo, en especial los pequeños Estados insulares y los países menos adelantados, y que el dinero llegue de forma más rápida, previsible y sencilla.
Un Estado no desaparece con su costa
Uno de los puntos más delicados, fruto de meses de negociación desde finales de 2025, es el de la continuidad de los Estados. El texto afirma que la pérdida de territorio por la subida del mar no significa necesariamente que un país deje de existir, y respalda una presunción a favor de su continuidad, incluida su soberanía, sus derechos y su pertenencia a Naciones Unidas. Las zonas marítimas ya establecidas conforme a la Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar pueden mantenerse aunque la costa cambie físicamente. Es una certeza muy valiosa para naciones como las pequeñas islas del Pacífico.
La declaración también pide incorporar estos riesgos a la planificación y a la protección social, apoyar las decisiones voluntarias de quienes tengan que trasladarse y garantizar que cualquier traslado se haga con dignidad. Además, llama a proteger, preservar y documentar el patrimonio amenazado: tierras tradicionales, cementerios, lugares sagrados y sitios arqueológicos costeros.
Por qué importa
La declaración no es un tratado vinculante, pero se apoya en el derecho internacional existente y fija por primera vez una posición común sobre problemas que para muchos países costeros e insulares ya no son hipotéticos. El secretario general, António Guterres, celebró su adopción y recordó que el siguiente paso es llevarla a la práctica: «El aumento del nivel del mar se mide en milímetros. Pero su costo se mide en millones de vidas». Ponerse de acuerdo es el primer paso para protegerlas.
Por la redacción de GUAY.news.





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