Allan Gutiérrez Morales, de 83 años y vecino de Desamparados de Alajuela (Costa Rica), es el dueño de uno de los coches más antiguos del país: un Chevrolet Capitol AA de 1927 que cumplirá cien años el próximo año y que luce como nuevo.
El vehículo fue recientemente uno de los protagonistas de una exhibición de Chevrolet clásicos organizada en las oficinas de la marca en La Uruca, en San José.
Una afición desde la escuela
Su pasión por los motores empezó de niño. «Desde que estaba en la escuela a mí me encantaban los carros, yo le ayudaba a un señor vecino mío que era mecánico y ahí fui aprendiendo cosillas», recuerda.
Ya de adulto, leía el periódico en busca de coches antiguos. Muchos eran caros y no pudo comprarlos, hasta que en 1978 apareció un anuncio de un hombre que vendía este Chevrolet desarmado. Tenía entonces 35 años.
«Lo vendía en siete mil colones, fui y lo vi y no sabía ni cómo era y así lo compré y me lo llevé».
Madera por dentro, chapa por fuera
El primer reto fue entender cómo estaba construido. Toda la estructura del coche es de madera, recubierta por fuera de chapa. Para restaurarlo tuvo que conseguir en Estados Unidos los catálogos originales del modelo. «Allí supe ya cómo era y comencé a restaurarlo formalmente de acuerdo a esos catálogos», explica.
Encontrar piezas de 1927 no fue fácil. Gutiérrez contactó con un nieto del primer dueño del coche, que le llevó a casa de su abuelo. «El señor tenía muchas piezas y me ayudó con muchas cosas», cuenta. Entre otras, le dio las puertas traseras que faltaban. Otra persona le ayudó con las llantas, y su padre, que era carpintero, con las piezas de madera. El motor tiene una particularidad: no lleva cojinetes, sino un material antifricción fundido.
Un coche «como un hijo»
Hoy el motor está revisado y funciona. El coche conserva la placa número 485, la misma que tenía cuando lo compró y una de las más antiguas de Costa Rica. Sin embargo, no circula por la calle: Gutiérrez intentó sacar la placa de vehículo histórico, pero no pudo completar los trámites porque le faltan algunos documentos originales. Por eso lo reserva para exhibiciones.
«Yo tengo otros autos, pero este es el más antiguo y yo lo quiero como un hijo mío, porque yo hice este carro, yo lo levanté».
A su mujer y a su familia también les encanta el coche. «La ilusión es que se quede con nosotros», dice.
Por la redacción de GUAY.news.





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