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Ciencia

Un programa de un doctorando halla un cometa que Euclid no buscaba

Un investigador de Helsinki detecta con su software un cometa desconocido en imágenes del telescopio Euclid.

Pantalla de ordenador en una sala oscura con una imagen estelar y una estela difuminada que cruza varias exposiciones.

Todo empezó con una mancha alargada y borrosa. Mikko Pöntinen, investigador de la Universidad de Helsinki, revisaba el análisis de imágenes del telescopio espacial Euclid cuando su programa señaló una estela difuminada que cruzaba varias exposiciones. Era el rastro de un objeto que se movía deprisa. «Me emocionó ver que mi programa señalaba una especie de estela difuminada que atravesaba varias imágenes, el resultado de un objeto que se movía rápidamente», recuerda.

Aquella estela resultó ser un cometa que nadie había catalogado hasta entonces, bautizado como C/2026 S1 (Euclid). El hallazgo tiene un punto de ironía científica: el telescopio de la Agencia Espacial Europea (ESA) fue lanzado para investigar la materia oscura y la energía oscura, no para rastrear objetos del Sistema Solar, y evita de forma deliberada la zona del cielo donde se concentran la mayoría de asteroides y cometas.

El Minor Planet Center (MPC), el organismo que centraliza las observaciones de pequeños cuerpos del Sistema Solar, confirmó el 8 de octubre que se trataba de un nuevo cometa. Es la historia de una herramienta construida por una persona, de un grupo de trabajo que supo reaccionar y de una casualidad orbital que, como admiten los propios responsables, no era nada probable.

Quién es Mikko Pöntinen y qué herramienta creó

Pöntinen trabaja en la Universidad de Helsinki y es el investigador que realizó el descubrimiento. Forma parte del Grupo de Trabajo de Objetos del Sistema Solar del consorcio Euclid, el equipo dedicado a lo que ocurre en las imágenes del telescopio más allá de las galaxias.

Su aportación clave no fue un telescopio, sino un programa. Pöntinen desarrolló por su cuenta un software de detección de objetos en movimiento para analizar las imágenes de Euclid. Esa herramienta es la que marcó la estela en varias exposiciones, algo que a simple vista habría pasado inadvertido entre la enorme cantidad de datos que genera la misión.

Los datos disponibles no detallan su trayectoria personal ni el tiempo que dedicó a construir el programa. Lo esencial es que el descubrimiento nace de una pieza de software hecha a medida para sacar partido a imágenes obtenidas con otro propósito.

Cómo apareció la pista en las imágenes

Euclid está diseñado para mantener su cámara fija sobre una región del cielo mientras captura estrellas y galaxias lejanas. Durante esas exposiciones, un objeto cercano en movimiento puede aparecer como una línea luminosa, y eso fue lo que vio el programa de Pöntinen.

Las imágenes en las que apareció el objeto se obtuvieron entre el 16 y el 24 de septiembre, durante observaciones de una región llamada Euclid Deep Field North. El objeto figuraba en 16 exposiciones de ese periodo. Una vez detectada la primera estela, el siguiente paso fue calcular por dónde iría el cuerpo para buscarlo en otras observaciones.

Así lo explica el propio investigador: «Al predecir su posición, pude localizarlo en otras observaciones y finalmente lo encontré en cinco conjuntos distintos de imágenes. Un análisis más detallado reveló una nube difusa a su alrededor, una característica propia de los cometas activos que están expulsando polvo y gas».

Esa nube difusa, que la ESA denomina coma, fue la señal que inclinó la balanza hacia un cometa. Según la agencia, al acercarse al Sol parte de los hielos de estos cuerpos se transforma en gas y libera polvo, y así se crean la coma y, en algunos casos, las colas.

Claves de la detección

  • Herramienta: un software de detección de objetos en movimiento desarrollado por Mikko Pöntinen.
  • Señal inicial: una estela difuminada que atravesaba varias imágenes.
  • Señal que confirmó la naturaleza cometaria: una nube difusa alrededor del objeto, la coma.

De la sospecha a la confirmación

Con la sospecha de que se trataba de un cometa, los astrónomos compararon las coordenadas del objeto con los catálogos de cometas y asteroides. El resultado fue claro: no coincidía con ningún cuerpo conocido.

El equipo notificó entonces las observaciones al Minor Planet Center, organismo que centraliza las observaciones de pequeños cuerpos del Sistema Solar. El 8 de octubre, el organismo confirmó que se trataba de un nuevo cometa. La alerta, además, permitió a observatorios terrestres realizar observaciones de seguimiento, un paso importante para afinar lo que se sabe de un objeto recién localizado.

Cronología del hallazgo

  • Del 16 al 24 de septiembre: Euclid obtiene las imágenes en las que aparece el objeto, durante observaciones de Euclid Deep Field North.
  • 8 de octubre: el Minor Planet Center confirma que se trata de un nuevo cometa.

Un cometa lejano y de órbita larguísima

Los datos del cuerpo ayudan a dimensionarlo. C/2026 S1 (Euclid) se encuentra a unos 1.300 millones de kilómetros de la Tierra, una distancia equivalente a la que separa al Sol de una región situada entre las órbitas de Júpiter y Saturno.

Su trayectoria tampoco es la habitual. No se desarrolla en el mismo plano que la de los planetas, sino muy por encima del Sistema Solar. Se trata de un cometa de período largo, con un periodo orbital estimado de varios miles de años, y su órbita deberá refinarse con nuevas observaciones.

Esa lejanía y esa órbita explican en parte por qué había pasado desapercibido. Un cuerpo así no se deja ver con facilidad desde la Tierra, y su hallazgo dependió de que el telescopio, sin proponérselo, lo captara varias veces.

Por qué era improbable que Euclid lo encontrara

La misión principal de Euclid es elaborar el mapa más preciso hasta la fecha de miles de millones de galaxias para estudiar la materia oscura y la energía oscura. Según la ESA, la misión de observación de galaxias dura seis años.

Para no estorbar a ese objetivo, el telescopio evita deliberadamente la franja celeste donde se concentran la mayoría de asteroides y cometas, porque esa región contiene grandes cantidades de polvo que podrían interferir en las mediciones. Su estrategia de observación añade otra dificultad: apunta a una zona del cielo, captura imágenes y pasa a la siguiente, por lo que normalmente no vuelve a mirar el mismo lugar. Eso complica confirmar objetos en movimiento.

Bruno Altieri, científico responsable del archivo de Euclid y miembro del equipo descubridor, lo resume así: «Se espera que Euclid descubra muy pocos cometas, por lo que fue una feliz coincidencia que la órbita de este objeto y el patrón de observación del telescopio permitieran capturarlo varias veces».

En otras palabras, el cometa y el telescopio coincidieron en el momento y el lugar adecuados, y el programa de Pöntinen estaba preparado para reconocerlo.

Qué dicen los responsables y qué significa el hallazgo

Valeria Pettorino, científica del proyecto Euclid, expresó la satisfacción del equipo: «Estamos encantados de haber descubierto un cometa desconocido hasta ahora para que la comunidad científica pueda estudiarlo en detalle».

Más allá de la alegría del descubrimiento, los textos apuntan varias lecturas. Por un lado, el hallazgo demuestra que los programas automáticos de detección pueden identificar objetos desconocidos incluso en imágenes obtenidas para otras investigaciones. Por otro, identificar y seguir estos cuerpos es importante para eliminar de las imágenes cualquier señal que pueda interferir con los estudios cosmológicos de la misión.

También hay un valor práctico. C/2026 S1 (Euclid) no es un candidato adecuado para ser visitado por la futura misión Comet Interceptor, pero su descubrimiento ha servido como ensayo real de los procedimientos de coordinación entre Euclid y esa misión, según los responsables del proyecto. Comet Interceptor es una futura misión de la ESA que buscará estudiar de cerca un cometa de periodo largo o, si surge la oportunidad, un visitante interestelar.

Qué esconden los cometas y qué viene ahora

La ESA recuerda por qué interesan tanto estos cuerpos. Los cometas conservan materiales que apenas han cambiado desde la formación del Sistema Solar, que tiene unos 4.600 millones de años. Estudiarlos puede aportar información sobre la composición química del Sistema Solar primitivo y los procesos de formación de los planetas, además de pistas sobre el origen del agua terrestre y las moléculas precursoras de la vida.

En cuanto al futuro inmediato, el trabajo pendiente es afinar la órbita. Al tratarse de un cometa de periodo largo, hacen falta nuevas observaciones para refinarla, y la comunidad científica podrá estudiarlo en detalle. Los textos no concretan más fases ni plazos.

Queda, mientras tanto, la imagen de un investigador, un programa hecho por él mismo y una mancha borrosa que acabó teniendo nombre propio en el catálogo de cometas.

Por la redacción de GUAY.news.

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