Un equipo de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos, ha convertido la lana de oveja en un material capaz de potabilizar agua salada solo con luz solar, sin gastar electricidad en la evaporación. El estudio se publicó el 6 de septiembre en la revista Advanced Science.
El objetivo es ofrecer una forma barata y renovable de conseguir agua limpia en zonas aisladas, sin grandes instalaciones de desalinización.
«La idea es usar materiales naturales de forma que las zonas que no necesariamente tienen mucha infraestructura puedan generar agua limpia a partir de agua salada», explicó la investigadora Larissa Shepherd.
Shepherd es profesora del Departamento de Diseño Centrado en el Ser Humano de Cornell y dirige el laboratorio donde se hizo el trabajo. El autor principal es Kyuin Park, y el grupo del ingeniero Lenan Zhang se encargó de las simulaciones solares y los análisis.
Cómo funciona
Los investigadores cubrieron las fibras de lana con polidopamina, un polímero inspirado en la melanina que absorbe la radiación solar y la convierte en calor. La lana, por capilaridad, sube el agua hasta la superficie iluminada. Allí se calienta y se evapora, y la sal se queda en el tejido o en el agua restante. Después, el vapor se enfría y se condensa para recuperar agua dulce.
El equipo creó además una versión ultranegra con un tratamiento de plasma que genera microestructuras en la superficie y atrapa más luz. Su aspecto se inspira en el plumaje negro intenso de un ave del paraíso.
Los resultados
En el laboratorio, con un simulador solar y el tejido en posición vertical iluminado por los dos lados, la lana ultranegra evaporó 2,43 kilos de agua por metro cuadrado y hora. La lana tratada solo con polidopamina llegó a 2,21 kilos. Según Cornell, ambas cifras casi duplican las de los sistemas horizontales tradicionales.
El material funcionó diez horas seguidas sin acumular sal, uno de los problemas habituales de esta tecnología. Y el agua recogida tenía un nivel de sal muy inferior al que fija la Organización Mundial de la Salud para el agua de consumo.
La lana tiene otra ventaja frente a los materiales sintéticos: es renovable y biodegradable. «No tenemos que preocuparnos por los microplásticos ni por otras cosas que no se degradan», señala el equipo.
Lo que falta
Los propios investigadores piden prudencia. Las cifras miden cuánta agua se evaporó en la prueba, no cuánta agua potable daría un equipo listo para usar. Todavía hay que mejorar la forma de recoger el agua. El siguiente paso será probar el método con agua de lluvia y con aguas residuales.
Por la redacción de GUAY.news.





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