Un hallazgo genético en las entrañas de Siberia
El estudio del ADN antiguo vuelve a revelar secretos ocultos durante cientos de miles de años en las montañas de Altái. Un equipo internacional de investigadores del Centro de Paleogenética, una institución fruto de la colaboración entre la Universidad de Estocolmo y el Museo Sueco de Historia Natural en Suecia, en conjunto con la Universidad de California en Santa Cruz y la Universidad de Viena, ha identificado una nueva especie bovina extinta que habitó el sur de Siberia durante el Pleistoceno. El descubrimiento ha tenido lugar tras analizar pequeños fragmentos óseos recuperados principalmente en la emblemática cueva de Denisova, un enclave fundamental para la paleontología mundial.
Los resultados de esta investigación, publicados en la revista científica Current Biology, confirman la existencia de un animal emparentado con los yaks actuales que viven en el Himalaya y la meseta tibetana, pero que siguió una línea evolutiva independiente durante cientos de miles de años. Los científicos han bautizado de forma provisional a esta especie como yak X, a la espera de realizar nuevos estudios anatómicos que permitan asignarle un nombre científico definitivo.
El avance ha sido posible gracias a la aplicación de técnicas avanzadas de secuenciación genética sobre fragmentos óseos que, debido a su reducido tamaño o a su estado incompleto, no podían clasificarse mediante métodos anatómicos tradicionales. Entre el material analizado, los especialistas lograron reconstruir al menos 20 genomas antiguos pertenecientes a este bovino no registrado anteriormente por la ciencia.
La cueva de Denisova y el valor del ADN antiguo
La cueva de Denisova es conocida mundialmente por haber albergado restos de poblaciones humanas arcaicas, entre ellos los denisovanos, un grupo humano identificado en 2010 a partir de un único fósil. Sin embargo, el yacimiento también custodia un registro excepcional de la fauna prehistórica que transitó por la región. En el interior del recinto se acumulan más de 250.000 fragmentos óseos pertenecientes a diversos animales y grupos humanos de la Prehistoria.
Uno de los mayores desafíos para los investigadores radica en que aproximadamente el 95% de esos restos óseos son tan pequeños que no resulta posible determinar a qué especie pertenecen mediante la observación directa de su forma o anatomía. Por este motivo, el análisis de ADN antiguo se ha convertido en la herramienta clave para reconstruir la biodiversidad que albergó el lugar.
Respecto a la dificultad y el valor de este tipo de trabajos, Love Dalén, autor principal del estudio y profesor de genómica evolutiva en el Centro de Paleogenética de Estocolmo, destacó el alcance del logro al señalar:
Se trata de un descubrimiento extraordinario de una gran especie extinta basado en pequeños huesos no diagnósticos.
El investigador sueco añadió además que el hallazgo resultó totalmente inesperado para el propio equipo de trabajo:
Encontrar un gran mamífero desconocido mediante el ADN antiguo es inusual. Existen algunos ejemplos anteriores, como el caballo siberiano extinto de Ovodov o una cabra salvaje de Turquía, pero nuestro hallazgo fue particularmente sorprendente porque originalmente pensábamos estudiar la evolución del bisonte, ya que se suponía que la mayoría de los huesos pertenecían a este animal. En cambio, el ADN reveló algo totalmente inesperado. Esa es una de las partes más divertidas de ser científico.
Una separación evolutiva ocurrida hace 400.000 años
Las comparaciones genéticas realizadas entre el ADN antiguo recuperado y otros genomas bovinos conocidos permitieron trazar la cronología de este animal. Según las estimaciones del equipo científico, el linaje del yak X comenzó a separarse del ancestro común que compartía con los yaks modernos hace unos 400.000 años. Las dos líneas evolutivas completaron su diferenciación definitiva aproximadamente 150.000 años después, es decir, hace unos 250.000 años.
Para poner en contexto este hito evolutivo, los investigadores señalan que el margen temporal de divergencia es similar al que separa a otros mamíferos conocidos. Alexandre Gilardet, estudiante de doctorado en el Centro de Paleogenética y uno de los autores principales de la publicación, explicó el contexto climático en el que surgió este linaje:
Una comparación útil para determinar el origen de este linaje es la divergencia entre los osos pardos y los osos polares, que también se estima que ocurrió hace unos 400.000 años. Esta época coincide con un período climático cálido particularmente intenso, que podría haber provocado el aislamiento de las poblaciones y, en última instancia, la especiación.
Los datos obtenidos abarcaron un rango temporal de unos 200.000 años. El genoma más antiguo atribuido al yak X procede de un ejemplar que vivió hace unos 247.000 años, mientras que el resto óseo más reciente corresponde a un animal que habitó la zona hace aproximadamente 27.000 años. Este amplio marco de tiempo demuestra que la especie estuvo presente en el sur de Siberia durante casi un cuarto de millón de años.
Posible apariencia y convivencia con poblaciones humanas
Determinar el aspecto físico exacto del yak X a partir de fragmentos óseos de milímetros es un reto científico en desarrollo. Los yaks salvajes actuales son animales adaptados al frío extremo, caracterizados por un pelaje denso y largos cuernos curvados, capaces de superar los dos metros de altura y alcanzar cerca de una tonelada de peso. Debido al parentesco cercano, los científicos estiman plausible que el yak X compartiera rasgos visuales con sus parientes del Himalaya, aunque con cautela.
A este respecto, Love Dalén apuntó que la distancia genética no garantiza una apariencia idéntica:
Dado que es una especie hermana del yak del Himalaya y que compartieron un ancestro común hace solo 400.000 años, es razonable asumir que tenían un aspecto parecido. Dicho esto, los osos pardos y polares divergieron aproximadamente en la misma época y, desde luego, tienen un aspecto muy diferente.
Por su parte, el coinvestigador Jonas Oppenheimer indicó que la mayoría de los datos genéticos provinieron de fragmentos pequeños sin rasgos diagnósticos, por lo que actualmente estudian los genes vinculados a la adaptación física. A través de la información geográfica, los investigadores han podido confirmar que este bovino habitó a altitudes sensiblemente menores que las que ocupan hoy en día los yaks del Tíbet.
Durante su presencia en Siberia, el yak X compartió el territorio con varias poblaciones humanas prehistóricas. Los restos hallados en la cueva coinciden cronológicamente con las etapas de ocupación de denisovanos, neandertales y humanos anatómicamente modernos. Aunque en las piezas de hueso analizadas no se han observado marcas directas de corte o manipulación por herramientas, los investigadores ven muy probable que sirviera como alimento para estos grupos. Jonas Oppenheimer señaló a este respecto:
Aunque no tenemos pruebas directas de estas interacciones, creo que es probable que los humanos antiguos, incluidos denisovanos y neandertales, pudieran haber cazado al yak X durante este periodo.
Aislamiento genético y refugio de biodiversidad en Altái
Un aspecto llamativo del estudio es la reducida evidencia de cruce o hibridación entre el yak X y otros bovinos que convivieron en la misma área geográfica, como el bisonte estepario o el uro, el antepasado salvaje del ganado doméstico. Mientras que los análisis genéticos en humanos arcaicos han demostrado episodios frecuentes de mestizaje entre denisovanos, neandertales y humanos modernos, este bovino mantuvo un aislamiento genético prolongado.
Los científicos señalan que este fenómeno pudo deberse a diferencias en el uso del hábitat, épocas de apareamiento distintas o barreras reproductivas. Las características de la investigación se resumen en los siguientes puntos clave:
- Reconstrucción de 20 genomas antiguos procedentes de fragmentos de hueso hallados en la cueva de Denisova y el sur de Siberia.
- Divergencia inicial respecto a los yaks modernos calculada en hace unos 400.000 años.
- Presencia continuada en el registro fósil desde hace 247.000 años hasta hace 27.000 años.
- Ausencia de hibridación significativa con otras especies de la zona como el bisonte estepario o el uro.
- Indicadores de que el entorno de las montañas de Altái actuó como refugio climático de alta biodiversidad durante los periodos glaciales del Pleistoceno.
El trabajo publicado también analiza las variaciones poblacionales a lo largo de los ciclos climáticos. Durante el último periodo interglacial cálido, hace unos 120.000 años, se detectó una sustitución de poblaciones y una caída en la diversidad genética de esta especie adaptada al frío. El ejemplar más reciente documentado se sitúa hace 27.000 años, fecha a partir de la cual se pierde el rastro de la especie. Los investigadores del Centro de Paleogenética de Suecia continúan sus trabajos para comparar estos datos con otros restos fósiles de la región y profundizar en el conocimiento de la fauna prehistórica.
Efectos del clima y sustitución de poblaciones
El análisis del genoma antiguo ha permitido observar cómo afectaron las variaciones de temperatura a este animal adaptado al frío a lo largo de ciclos glaciares completos. Durante el último periodo interglacial cálido, registrado hace unos 120.000 años, una población de esta especie fue sustituida parcial o totalmente por otra distinta. Este proceso coincidió además con una pérdida notable de su diversidad genética.
Jonas Oppenheimer, investigador posdoctoral y coautor del estudio, plantea que esta dinámica refleja las consecuencias genéticas directas del calentamiento climático en la fauna prehistórica. A pesar de estas alteraciónes, la zona siberiana de Altái actuó como un refugio vital que protegió la biodiversidad durante las fluctuaciones térmicas. Love Dalén resalta que este hito evoca la identificación de los propios denisovanos en 2010, reafirmando el papel de Denisova como un enclave clave para rescatar especies olvidadas de la Prehistoria.
Preguntas frecuentes
¿Qué animal ha sido descubierto en la cueva de Denisova?
Se ha identificado un bovino extinto emparentado con los yaks actuales del Himalaya, bautizado de forma provisional como yak X, mediante el análisis de ADN antiguo.
¿Quiénes han liderado la investigación científica?
El hallazgo ha sido liderado por el Centro de Paleogenética, fruto de la colaboración entre la Universidad de Estocolmo y el Museo Sueco de Historia Natural en Suecia, junto con la Universidad de California en Santa Cruz y la Universidad de Viena.
¿Hace cuántos años vivió esta especie de yak extinta?
Los genomas analizados sitúan la presencia del animal en Siberia entre hace 247.000 años y 27.000 años, tras comenzar a diferenciarse de los yaks modernos hace unos 400.000 años.
Por la redacción de GUAY.news.





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