Es una pieza humilde, de unos 35 centímetros, con pelo todavía visible y cuatro agujeros hechos a propósito. Pero esa piel curtida, guardada durante unos 7.000 años en una cueva granadina, ha acabado contando algo que casi ningún resto orgánico de su edad puede contar: de qué animal procedía y con quién comparte parentesco hoy.
Un equipo internacional ha logrado recuperar ADN de un fragmento de esa piel hallada en la Cueva de los Murciélagos, en Albuñol (Granada). El análisis indica que perteneció a una cabra doméstica hembra, emparentada genéticamente con poblaciones relacionadas con razas españolas actuales, especialmente la Bermeya de Asturias. El trabajo se ha publicado en la revista PLOS ONE.
Detrás de los resultados hay un grupo de investigadores de varias instituciones. Al frente figura Jolijn A. M. Erven, del University College de Dublín, y entre los coautores están Kevin Daly, del mismo centro, y Francisco Martínez-Sevilla, de la Universidad de Alcalá, que además codirige los trabajos arqueológicos en el yacimiento.
Quién está detrás del hallazgo
El estudio es, ante todo, obra de un equipo internacional y multidisciplinar. Erven, investigadora del University College de Dublín, ha liderado el grupo. Con ella trabaja Kevin Daly, también de la universidad irlandesa y coautor del trabajo, que aporta la mirada genética sobre un material que rara vez permite hacerla.
En el lado arqueológico, Francisco Martínez-Sevilla es investigador de Prehistoria de la Universidad de Alcalá y coautor del estudio. Es además codirector de los trabajos en el yacimiento, de modo que conoce de primera mano la cueva y el contexto en el que apareció la piel. Los fragmentos fueron encontrados por el equipo de arqueólogos del proyecto MUTERMUR.
Esa combinación de excavación y laboratorio es justo lo que subraya Daly al valorar el resultado: «Este estudio demuestra lo que se puede lograr mediante la colaboración de equipos internacionales multidisciplinares, transformando un objeto arqueológico en un enlace con el presente vivo».
Una cueva que guarda lo que casi siempre desaparece
La Cueva de los Murciélagos se encuentra en Albuñol, a siete kilómetros del Mediterráneo. Los dos fragmentos aparecieron durante los trabajos de MUTERMUR, en una zona alterada por mineros del siglo XIX. Todo apunta a que ambos procedían del mismo animal: uno mide unos 35 centímetros y el otro, cerca de 23.
Lo excepcional del lugar es su capacidad de conservación. En la cavidad han sobrevivido cestos, objetos de madera y otros materiales que normalmente desaparecen. La sequedad de la cavidad permitió además conservar ADN en un resto orgánico del Neolítico, algo poco habitual en el sur de Europa.
Las condiciones microclimáticas de la cueva explican buena parte del resultado. Salvo en entornos extremadamente fríos o secos, el material orgánico prehistórico suele degradarse y borrar cualquier rastro de ADN. Por eso, reconstruir la historia del origen y del comercio del ganado en el sur de Europa era complicado: faltaban muestras biológicas que sobrevivieran al paso del tiempo.
Martínez-Sevilla lo resume así: «La preservación de este cuero de cabra de 7.000 años es excepcional. La Cueva de los Murciélagos ha conservado materiales orgánicos que rara vez sobreviven en el registro arqueológico, ofreciéndonos una oportunidad única para investigar las tecnologías prehistóricas, la ganadería y las relaciones entre las comunidades humanas y los animales domésticos».
Y añade, sobre su estado: «Lo que más nos ha sorprendido es la extraordinaria conservación de la piel después de 7.000 años».
Qué es la pieza y qué se sabe de ella
La datación por radiocarbono sitúa la piel entre hace 7.250 y 7.000 años, en el Neolítico antiguo. Es un cuero curtido, con cuatro agujeros, que alguien preparó cuando la ganadería comenzaba a transformar la Península Ibérica.
Los fragmentos conservan pelo, señales de curtido y perforaciones realizadas deliberadamente. El fragmento analizado formaba parte de una prenda de vestir o de una cubierta protectora que fue perforada y curtida de forma intencionada. Los dos fragmentos, de unos 35 y cerca de 23 centímetros, proceden, según todo indica, del mismo animal.
El contexto de la cueva ayuda a interpretar la pieza. Cerca aparecieron restos humanos que sugieren un contexto funerario, y en la misma cueva se hallaron herramientas de hueso y cuerdas de arco hechas con tendones. Es un conjunto de objetos de origen muy distinto, todos ellos recuperados gracias a la conservación excepcional del lugar.
Su uso exacto, en cambio, sigue siendo un misterio: pudo servir para vestir a una persona, para cubrir a un difunto o como ofrenda. Por eso conviene la prudencia sobre su función, aunque no sobre su origen animal, que el ADN sí ha permitido establecer.
Claves del hallazgo
- Antigüedad: unos 7.000 años (datación por radiocarbono entre 7.250 y 7.000 años).
- Animal: cabra doméstica (Capra hircus), hembra, no íbice ibérico.
- Fragmentos: uno de unos 35 centímetros y otro de cerca de 23.
- Perforaciones: cuatro agujeros hechos a propósito.
- Parentesco: afinidad especial con la Bermeya asturiana.
- Primicia: primeros datos genéticos nucleares de una cabra doméstica antigua en Iberia.
Cómo se rescató el ADN
El obstáculo principal era el estado del material genético. Aun así, el ADN estaba severamente fragmentado, roto en trozos diminutos. A pesar de ello, el equipo recuperó material genético mitocondrial y nuclear. Esa fragmentación dificulta, por ejemplo, identificar mezclas genéticas pequeñas.
Daly destaca lo poco que quedaba: «Es muy raro que materiales orgánicos tan antiguos conserven ADN, pero esta ha sido una de las pocas excepciones. Con una cantidad minúscula de ADN superviviente, pudimos demostrar un vínculo con las razas ibéricas actuales, una conexión genética que abarca 7.000 años».
La piel conservaba también otras señales genéticas. Aparece ADN humano, quizá de quienes la manipularon, y secuencias relacionadas con zorros u otros cánidos, posiblemente debidas a alteraciones posteriores de la cueva. Separar unas de otras fue parte del trabajo de laboratorio.
El éxito en la extracción abre una vía de trabajo. Según el estudio, el resultado demuestra que es posible obtener genomas a partir de cuero antiguo, lo que abre una nueva vía metodológica para la arqueogenética en la cuenca mediterránea.
Lo que dice el ADN: una cabra doméstica emparentada con la Bermeya
Los análisis confirmaron que no se trataba de una cabra montés ibérica (íbice ibérico, Capra pyrenaica), sino de una cabra doméstica (Capra hircus), y que el animal era una hembra. Son, además, los primeros datos genéticos nucleares de una cabra doméstica antigua en Iberia, y uno de los casos más antiguos de ADN obtenido de una piel desecada fuera de zonas permanentemente heladas.
El ejemplar presenta una relación de parentesco muy estrecha con la Bermeya, una cabra autóctona del norte de la península ibérica. De las razas españolas estudiadas, la mayor afinidad apareció con la Bermeya asturiana, aunque también hubo semejanzas con algunas razas francesas y suizas.
Otro dato llamativo: no se detectaron firmas genéticas africanas en la muestra neolítica, a diferencia de lo que ocurre en cabras europeas modernas, en las que sí aparecen hibridaciones con el norte de África. Ese contraste es el que sostiene la discusión sobre los contactos antiguos que se aborda más adelante.
Qué significa para entender la ganadería neolítica
El hallazgo indica que los humanos del Neolítico temprano en la península ibérica practicaban una ganadería plenamente consolidada, con animales domésticos, y no solo cazaban ejemplares silvestres. Martínez-Sevilla lo plantea desde el uso de los recursos: «Este fragmento de piel nos proporciona una evidencia directa de cómo las comunidades neolíticas aprovechaban los recursos animales más allá de la producción de alimentos».
También subraya el valor de lo que casi nunca se conserva: «El hallazgo pone de manifiesto la importancia de las tecnologías orgánicas en las sociedades prehistóricas, que a menudo permanecen invisibles en el registro arqueológico porque materiales como la piel, la madera o las fibras vegetales raramente se conservan».
Sobre el vínculo con las razas actuales, el investigador es cuidadoso. El resultado «sugiere que algunos linajes genéticos presentes en las primeras cabras domésticas de la Península Ibérica podrían haber perdurado durante miles de años». No significa que cada bermeya actual descienda de esa cabra concreta, sino que existe una relación genética entre poblaciones separadas por milenios.
Y añade una oportunidad metodológica: «Este hallazgo nos ofrece una oportunidad excepcional para relacionar las evidencias arqueológicas de las actividades tecnológicas con la información genética de los propios animales».
Prudencia sobre los contactos con el norte de África
La ausencia de ascendencia africana en este animal no debe leerse como una prueba negativa general. Martínez-Sevilla lo advierte: «Sin embargo, esto no significa que no existieran contactos entre las poblaciones ibéricas y norteafricanas durante la Prehistoria».
Y precisa el alcance: «Simplemente indica que no hemos encontrado evidencias de ascendencia genética africana en este animal concreto». Según el investigador, esto sugiere que parte del intercambio de ganado con el norte de África pudo producirse después.
Los autores llaman a la cautela, porque se trata de una única muestra y serán necesarios nuevos análisis de restos orgánicos en la región para sostener cualquier conclusión más amplia.
Qué viene ahora
Para avanzar en la cronología de los intercambios genéticos entre ambas orillas del Mediterráneo, deberán analizarse cabras antiguas de más yacimientos y épocas, tanto ibéricas como norteafricanas, y compararlas con las poblaciones caprinas actuales. Ese es el siguiente paso que se plantea tras el trabajo publicado.
Mientras tanto, una pieza de apenas unas decenas de centímetros, perforada y curtida por alguien hace 7.000 años, ha pasado de ser un resto mudo a un eslabón con el presente: un hilo genético que une a una cabra del Neolítico granadino con los rebaños que hoy pastan en Asturias.
Por la redacción de GUAY.news.





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