¿Pueden cultivarse hortalizas y generarse electricidad en el mismo terreno sin que una actividad desplace a la otra? Es la pregunta que se hace el Piedmont Environmental Council en un momento en el que las tierras de cultivo compiten con los nuevos desarrollos destinados a producir energía. Entre 2017 y 2022, Virginia perdió medio millón de acres de tierras agrícolas.
La respuesta, por ahora, llega desde Community Farm at Roundabout Meadows, en Aldie (Virginia, Estados Unidos). Allí se instalaron 42 módulos fotovoltaicos elevados y, debajo, las hortalizas de clima frío siguieron creciendo. Durante el otoño, el terreno produjo repollo, lechuga, cebolla de verdeo, nabos, brócoli, bok choy y col rizada. Y durante el lanzamiento del proyecto, una medición mostró que alrededor del 97 % de la energía utilizada por la explotación provenía de la generación solar y del almacenamiento.
Cómo se llegó a esa respuesta
La clave está en la altura. Los módulos se colocaron entre 6 y 8 pies sobre el suelo, una estructura elevada que permite que las plantas crezcan debajo mientras arriba se genera electricidad. El proyecto ocupa apenas un cuarto de acre y fue diseñado precisamente para analizar si la agricultura puede mantenerse al aprovechar el espacio situado sobre los cultivos.
El sistema incorpora además baterías para almacenar la electricidad generada. Esa energía no solo cubre las necesidades generales de la granja: también alimenta las bombas que se utilizan para extraer agua de los pozos. El conjunto está diseñado para producir el equivalente al 130 % de las necesidades anuales de electricidad de la granja.
Conviene matizar los números. Los hechos disponibles no aclaran si ese 130 % es una previsión de diseño o un resultado medido. Tampoco precisan durante qué periodo exacto se midió el 97 %, que corresponde al momento del lanzamiento del proyecto. Son cifras prometedoras, pero todavía no un balance cerrado.
Parte de la cosecha no se queda en la granja: se entrega a organizaciones locales que trabajan con bancos de alimentos. Así, el terreno cumple tres funciones a la vez: produce comida, produce energía y alimenta a quienes lo necesitan.
Qué abre a partir de ahora
Roundabout Meadows fue concebido como un espacio demostrativo. Forma parte de una investigación sobre agrovoltaica, un modelo que combina producción agrícola y generación energética en el mismo terreno, con el objetivo de determinar si este tipo de instalación puede reproducirse en otros lugares. Los investigadores recopilan información que podría ayudar a otras comunidades a evaluar si proyectos similares son viables y bajo qué condiciones.
Una de las preguntas pendientes es si el modelo puede adaptarse a lugares que no son campos agrícolas tradicionales, como techos y estacionamientos. Si funcionara allí, la idea de compartir superficie entre alimentos y energía podría extenderse mucho más allá del campo.
Para responderla, los investigadores tienen previsto evaluar diferentes cultivos durante varias temporadas y reunir información sobre el comportamiento de las plantas y las condiciones necesarias para que ambas actividades convivan. Los hechos no precisan cuántos cultivos ni cuántas temporadas se estudiarán.
El proyecto, además, está en sus primeras etapas y ya ha topado con dificultades. Antes de comenzar la construcción fueron necesarios permisos, y las demoras en la conexión con las empresas de servicios eléctricos complicaron el proceso. Esa experiencia, con sus tropiezos, también forma parte del valor del proyecto: la información obtenida podría identificar dificultades para futuros proyectos agrovoltaicos.
En un estado que ha visto desaparecer medio millón de acres de tierras agrícolas en cinco años, un cuarto de acre es una superficie diminuta. Pero sirve para plantear con datos reales una alternativa: mantener la actividad agrícola mientras se incorpora infraestructura energética, usando el mismo espacio para ambas funciones.
Por la redacción de GUAY.news.





Deja una respuesta