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Medio ambiente

Rescatan a una cría de morsa huérfana en Alaska y la llevan a Florida

La cría de morsa Annautaq, rescatada sola en una playa de Alaska, llega a SeaWorld Orlando tras un viaje de 4.000 millas.

Cría de morsa tumbada sobre la arena mojada de una playa remota, con el mar y la costa al fondo.

Una cría de morsa del Pacífico de cinco meses y unas 220 libras de peso, cerca de 100 kilos, ha completado un viaje de unas 4.000 millas, algo más de 6.400 kilómetros, desde una playa remota del norte de Alaska hasta SeaWorld Orlando, en Florida. Se llama Annautaq, es un macho y llegó a Florida después de que una cadena de personas lo salvara de una muerte casi segura.

La historia arranca en un tramo de costa alejado de cualquier población. Una manada de morsas abandonó la playa durante un fuerte oleaje y dejó atrás a la cría, sola y sin la protección de su madre. Cuando dos personas dieron con ella, las aves carroñeras ya la estaban atacando, y los hechos apuntan a que, sin intervención humana, difícilmente habría sobrevivido.

Hoy Annautaq está en una cuarentena planificada de 30 días en Orlando, con hasta seis biberones diarios, atención veterinaria y apoyo las 24 horas. Después empezará a conocer a las tres morsas que ya viven en el centro. Su caso une a una comunidad del Ártico, a un centro de rehabilitación de Alaska y a un parque de Florida, y sirve para entender a una especie que depende por completo de la leche y de la protección de su madre durante el primer año de vida.

Una playa remota y una cría escondida entre los restos

Quienes dieron con la cría fueron Violet Anniskett, becaria de investigación en vida silvestre y miembro de la comunidad local, y Tony Fischbach, científico del US Geological Survey. La encontraron escondida entre los restos de dos morsas adultas, en una playa del norte de Alaska a la que la manada había renunciado durante el oleaje.

La escena era dramática. La cría estaba sola y acosada por aves carroñeras que ya la atacaban. Tras la marcha de la manada, Annautaq había quedado sin ninguna de las protecciones que necesita un animal tan joven, y el único refugio que encontró fue el entorno de los dos ejemplares adultos muertos.

El lugar complicó todo lo que vino después. La distancia entre la playa y la civilización retrasó el traslado, de modo que las personas que pudieron hacerse cargo de la cría la cuidaron durante varios días antes de poder llevarla en avión. Los hechos no permiten precisar la fecha exacta del rescate, y tampoco consta cuántos días transcurrieron con certeza entre el hallazgo y el vuelo más allá de que fueron varios.

El rescate no fue un gesto aislado. Fue el primer tramo de una cadena en la que intervinieron habitantes de la zona, un centro especializado de Alaska, personal de un parque de Florida y un equipo veterinario, y cada eslabón dependió del anterior para que la cría llegara con vida al siguiente.

Seward y la red que la sostuvo

Tras el traslado en avión, Annautaq quedó al cuidado del Alaska SeaLife Center, en Seward. Allí recibió los cuidados especializados que le permitieron estabilizarse y salir adelante después del rescate. Ese paso fue decisivo, porque la cría necesitaba una atención que no podía darle una comunidad alejada de centros de rehabilitación.

Jane Belovarac, conservadora de respuesta a la fauna silvestre del centro, subraya lo que ese caso representa: «El cuidado de Annautaq demuestra por qué es tan importante contar con capacidad especializada de rehabilitación de mamíferos marinos en Alaska. Llevar a Annautaq hasta este punto requirió una increíble red de personas, y estamos orgullosos de que el ASLC pudiera proporcionar los cuidados especializados que le ayudaron a pasar del rescate en Alaska a su siguiente capítulo».

Según el propio centro, disponer de esa capacidad en Alaska fue lo que permitió que la cría pasara del rescate a la siguiente etapa de su vida. La frase de Belovarac sitúa el caso más allá de un animal concreto: pone el foco en la infraestructura que hace posible que las crías huérfanas del Ártico tengan una segunda oportunidad.

El nombre: «hacha» en iñupiaq y el apoyo de la comunidad

Fue Anniskett quien bautizó a la cría. Le puso Annautaq, que se pronuncia «ah-now-tuq» y significa «hacha» en iñupiaq, la lengua de las comunidades indígenas del norte de Alaska. El nombre rinde homenaje al nombre iñupiaq de su padre, aunque los hechos no precisan ni el nombre ni la función exacta de esa persona.

La comunidad respaldó además la rehabilitación del animal. Sabía que, una vez recuperado, permanecería bajo cuidado humano, pero también que podría ayudar a comprender mejor a las morsas del Pacífico. Esa decisión de apoyar un destino en cautividad, con la perspectiva de que la cría sirviera al conocimiento de su especie, forma parte del recorrido que ha llevado a Annautaq del rescate a su nuevo destino.

Un viaje de 4.000 millas preparado a conciencia

El traslado a Florida exigió preparación. SeaWorld envió a Alaska a personal de cuidados animales y a un veterinario con experiencia en morsas, que ayudó a dejar a la cría en condiciones de afrontar el viaje de unas 4.000 millas, es decir, más de 6.400 kilómetros. El texto no aclara si esa distancia es en línea recta o la ruta real del transporte, de modo que la cifra debe leerse como la distancia que recorrió el animal en su conjunto.

La elección de Orlando como destino no fue casual. Según los hechos, su ubicación se decidió atendiendo tanto a los cuidados a largo plazo como a las necesidades sociales de la cría, entre ellas la oportunidad de crecer junto a otras morsas. Hoy solo cuatro instituciones de Estados Unidos están en condiciones de alojar morsas, y SeaWorld Orlando es una de ellas.

El parque cuenta, además, con un historial en este terreno: desde su creación ha atendido a 43.000 animales huérfanos, heridos, rechazados o necesitados. No consta si esa cifra corresponde solo al parque de Orlando o a todo el grupo SeaWorld, de modo que conviene tomarla con esa reserva.

Claves del caso en cifras

  • Edad: 5 meses. Peso aproximado: 220 libras (unos 100 kg).
  • Distancia del viaje a Florida: 4.000 millas (unos 6.400 km).
  • Biberones diarios en Orlando: hasta 6.
  • Cuarentena planificada en SeaWorld Orlando: 30 días.
  • Morsas que ya viven en el centro: 3 (Garfield, Kaboodle y Uki).
  • Edad de Uki: 2 años, también morsa rescatada.
  • Instituciones de EE. UU. capaces de alojar morsas: 4.
  • Animales atendidos por SeaWorld desde su creación: 43.000 (ámbito por confirmar).

Por qué no podía volver al mar

El US Fish and Wildlife Service determinó que Annautaq no podía ser liberada en la naturaleza. La razón está en la biología de la especie: las morsas del Pacífico dependen únicamente de la leche materna durante su primer año de vida, y de su madre, tanto para protegerse como para desarrollar las conductas de supervivencia y sociales que necesitarán de adultas.

Una cría que pierde a su madre a los pocos meses se queda sin ese aprendizaje. Por eso, una vez superada la fase crítica, el destino de Annautaq pasaba por un hogar permanente bajo cuidado humano, un lugar donde pudiera crecer con otros animales de su especie. La decisión no fue una opción entre liberarla o no, sino la consecuencia de lo que su desarrollo exige.

La lactancia es el primer eslabón de esa dependencia. Los hechos señalan que la cría recibe hasta seis biberones al día en Orlando, lo que da una idea del cuidado constante que requiere un animal de esta edad mientras se adapta a su nueva vida.

Cuarentena y atención las 24 horas

En Orlando, Annautaq recibe hasta seis biberones al día, atención veterinaria y apoyo continuo, las 24 horas. Esa rutina se desarrolla durante una cuarentena planificada de 30 días, cuyo objetivo es proteger la salud de los animales que ya residen en el centro.

La cuarentena responde a una lógica sanitaria: un animal que llega de otro lugar se observa durante un periodo definido antes de convivir con el resto, para que cualquier problema de salud quede controlado antes de que llegue a los demás. Los hechos no indican qué pruebas concretas se realizan durante esos 30 días ni cuándo termina exactamente el periodo, más allá de que está planificado para ese plazo.

Para una cría de cinco meses que acaba de pasar por un rescate, por un periodo de cuidados en Alaska y por un viaje de más de 6.400 kilómetros, la cuarentena es también el primer tiempo de estabilización en su nuevo entorno, antes de cualquier contacto con sus futuros compañeros.

La manada que le espera: Garfield, Kaboodle y Uki

Terminada la cuarentena, Annautaq irá conociendo a las tres morsas que viven en el centro: Garfield, Kaboodle y Uki. Lo hará de forma gradual, como explica Jim Kinsler, conservador de SeaWorld Orlando: «Mientras se adapta, presentaremos a Garfield, Kaboodle y Uki a su ritmo. La experiencia de Kaboodle cuidando a crías rescatadas y la oportunidad de conectar con Uki, de 2 años y también morsa rescatada, hacen de esta manada un entorno prometedor para que aprenda, establezca relaciones y crezca».

La compañía de Uki resulta especialmente relevante. Con 2 años y también rescatada, es la más cercana en edad y en trayectoria a la recién llegada. Los hechos señalan que Annautaq se integrará con ella y que ambas desempeñarán un papel esencial como embajadoras de su especie, es decir, como animales que ayudarán a explicar al público los retos que afrontan las morsas del Pacífico en la naturaleza.

Kinsler sitúa a Kaboodle como un referente en el cuidado de crías rescatadas. Su experiencia es uno de los motivos por los que el centro considera que la manada es un entorno adecuado para que la cría aprenda y establezca relaciones.

Qué significa y qué viene ahora

Más allá de la historia de una cría, el caso deja dos lecturas. La primera es la importancia de contar con capacidad especializada de rehabilitación de mamíferos marinos en Alaska, el argumento que defiende el Alaska SeaLife Center a través de Belovarac. La segunda es el papel educativo de Annautaq: su historia ayudará a explicar al público los retos que afrontan las morsas del Pacífico en la naturaleza.

SeaWorld Orlando enmarca el caso en su misión de inspirar acciones para proteger y preservar la vida marina. El próximo paso está fijado: tras los 30 días de cuarentena, Annautaq irá conociendo a Garfield, Kaboodle y Uki, y empezará su vida junto a ellas, con Uki como compañera en su labor de embajadora de la especie.

Lo que no consta

  • La fecha exacta del rescate y la fecha de llegada a Orlando.
  • Si la cifra de 43.000 animales corresponde solo a Orlando o a todo el grupo SeaWorld.
  • Si la distancia de 4.000 millas es en línea recta o por ruta de transporte.

Lo que empezó como una cría abandonada entre los restos de dos morsas adultas en una playa remota se convierte así en una nueva oportunidad, sostenida por una comunidad del Ártico, por un centro de rehabilitación y por un parque que ahora le ofrece un hogar.

Por la redacción de GUAY.news.

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