Hace poco más de un mes, el pabellón de Granollers, en plena cuna del balonmano catalán, rompió en aplausos cuando sonó la bocina de la final. Entre quienes celebraban estaba una parte de Ferrol: Lorena Bermúdez Doce, José Manuel Barroso Seoane y Juan López Porta, tres deportistas del ICB Coruña-Inclubasket Coruña que acababan de conquistar con la selección española de balonmano en silla el primer oro mundial de esta modalidad para España.
La gesta tiene algo de improbable. Según cuenta Bermúdez, el balonmano en silla lleva solo cinco años en España, mientras que en el resto del mundo se practica desde hace mucho más. Que un equipo tan joven llegue a lo más alto en tan poco tiempo es, en sus palabras, «historia del balonmano». Los homenajes siguen llegando; el más reciente fue el que el Concello de Ferrol dedicó a López.
Es, por tanto, una noticia por dos motivos: el título supone un hito para una disciplina que apenas tiene recorrido en España, y lo logran deportistas de la comarca de Ferrol que han entrenado con medios propios y con un equipo que compite con sillas de baloncesto adaptadas, frente a rivales con material más potente. El relato de cómo llegaron hasta ahí es, en buena medida, el de un título construido con esfuerzo personal.
Tres ferrolanos en lo más alto del balonmano en silla
Los tres protagonistas están vinculados a la comarca. Barroso es descrito como eumés y López como natural de Pontedeume, mientras que Bermúdez completa un trío que defiende los colores del ICB Coruña-Inclubasket Coruña y también los de la selección. Con ellos compartió el éxito el resto del equipo, entre quienes figura Óscar Perales, a quien Barroso se dirigía durante la final para ir tomándole el pulso al partido. López es además conocido en el equipo como el «león».
Bermúdez es una deportista de espíritu inquieto: según los hechos recogidos, también podría haber practicado baloncesto, boxeo, buceo, pádel o, en un futuro, remo. Ha elegido el balonmano en silla, y ahora lo tiene en lo más alto del podio mundial.
Los tres coinciden en el sentido que quieren darle al título. Quieren que sirva para dar a conocer esta disciplina y para acordarse de quienes la empezaron a practicar en España. «Lo hemos conseguido nosotros, pero también toda la gente que quedó fuera, toda la gente que inició este deporte aquí en España. Es increíble», resume Bermúdez. López lo remata con una idea parecida: «Hay que acordarse de toda esa gente que empezó y que por ellos estamos aquí».
Bermúdez va un paso más allá al situar el logro en la historia de la disciplina: «Nosotros llevamos cinco años en España, es muy joven, pero en el mundo lleva muchos años más. Y conseguir el oro en este poco tiempo es historia del balonmano».
Un deporte joven y con pocos recursos
El oro llega en un contexto de medios muy limitados. Barroso lo explica con una comparación: «Aquí la liga es de seis equipos y Francia tiene 46. En Egipto hay, en Brasil hay masculina y femenina». Son los datos que él mismo aporta sobre la competición en otros países, y que sirven para dimensionar la distancia entre el balonmano en silla español y el de otras federaciones. Y añade la parte más práctica: «Y hay que recordar que vas a la mitad de los viajes en tu coche, que no hay dinero, que no hay apoyos».
Bermúdez comparte esa lectura y subraya el valor de lo conseguido: «Es un mérito que aún no somos conscientes de lo duro que es». Vuelve también a la edad de la disciplina en España: cinco años de recorrido frente a muchos más en otros países.
El camino hacia el Mundial tuvo un ensayo general en el Euro Hand 4 All de Lyon. Allí el equipo logró la segunda posición, tras ceder en la final ante Estados Unidos. Según los hechos recogidos, aquel Estados Unidos no era el mismo equipo que acudió después al Mundial, por lo que el duelo de Lyon no sirve como referencia directa para el partido decisivo de Granollers.
Los datos que se recogen sobre la disciplina en España dibujan un panorama en el que el crecimiento depende de la voluntad de quienes la practican. El oro de Granollers llega, según el relato de sus protagonistas, en un deporte que todavía tiene que abrirse camino y que, en palabras de Bermúdez, empezó a practicarse en España cuando casi nadie lo conocía.
Los números que sitúan la disciplina
5 años de balonmano en silla en España, según Bermúdez.
6 equipos en la liga española, según Barroso.
46 equipos en la liga francesa, según Barroso.
12.000 euros es el precio que López atribuye a su silla.
Entrenar con medios propios, a pleno sol y bajo la lluvia
La preparación de Granollers se hizo en gran parte en pistas polideportivas al aire libre de Freixeiro y Pantín y en el box del Galician Crosstraining. Barroso recuerda cómo se organizó: «Tenemos un plan y hay que hacerlo, nos dijo el preparador físico». Él se apañó con lo que tenía a mano: «Le comenté que iba a un crossfit y que me podían dejar algún día para poner unos conos y hacer los circuitos, pero que no iba sobrado para alquilar pistas y hacer todo el montón de cosas».
Bermúdez entrenaba en Freixeiro dos o tres veces por semana, a pleno sol, en la hora en que compartía la pista con los niños. «Estuve yendo dos o tres veces por semana, a pleno sol en la hora de compartir con los niños. Destrocé las cubiertas –de la silla– y aproveché el Mundial para meterme en unas un poco más buenas. Pero todo sale de nuestro bolsillo», cuenta. La frase resume el coste económico de la preparación: los gastos de material y de entrenamiento salieron de los propios deportistas.
López, por su parte, tuvo que ingeniárselas con el material. «Me tuve que inventar el material. Sólo podía entrenar los días que no llovía. Iba con mis hijos, que unas veces estaban sentados y otras corriendo. Y le tengo que agradecer que me grababa los vídeos», relata. Los vídeos que le grababa otra persona le servían para revisar su trabajo sin poder contar con una rutina fija de entrenamiento.
A ello se sumó un contratiempo: la silla se le cayó durante el transporte en el aeropuerto y tuvo que apañarla para el torneo. El percance obligó a López a reparar su equipamiento justo antes de la cita mundialista.
La desventaja de las sillas
Los tres compiten en Cataluña con sillas de baloncesto, y López asegura que la suya vale 12.000 euros. El oro se logró frente a rivales con «maquinarias» más potentes, como las japonesas. Bermúdez lo resume con una imagen: «Es como si él va en un Ferrari y yo en un R5 Turbo». Barroso calcula que, solo por la silla, ella tiene que entrenar un 20 por ciento más para compensar los kilos de diferencia: «Sólo por la silla ella va a tener que entrenar un 20 por ciento más para compensar los kilos de diferencia».
El texto no precisa si la silla de 12.000 euros es la que López usó en el Mundial o una futura silla, por lo que esa cifra debe leerse como la que el propio deportista atribuye a su equipamiento.
Lesiones, kilos y una noche difícil antes del Mundial
A las carencias materiales se sumaron los problemas físicos. Barroso sufrió una lesión en un hombro que le tuvo apartado ocho meses y superó también otra lesión en el cuello. Durante ese periodo su peso se disparó. «Comía igual que si estuviese entrenando. Me puse en 114 kilos. Cuando empecé a jugar al balonmano hay una foto con una camiseta naranja que parecía una morcilla allí dentro», recuerda.
La transformación fue radical. «En verano, una semana antes de ir a Granollers, pesaba 81, a base de pasar hambre, entrenar, sacrificar el verano. Me dijeron, te necesitamos, tienes que estar en tu mejor versión», explica Barroso. Los kilos perdidos son el reflejo de una preparación en la que el propio jugador tuvo que llegar a su mejor condición física en pocas semanas.
López, por su parte, vio peligrar su participación al inicio del Mundial. «Pasé vomitando toda la noche, tenía pesadez en el estómago, pero al final de día llegué a cenar y, claro, se me abrió el apetito. Me pusieron unos garbanzos, y los mezclé con arroz y con un trozo de pan. Me sentaron como una tortilla francesa, como nuevo», cuenta. Se recuperó a tiempo para jugar.
Barroso y López coinciden en un mismo mensaje: la preparación no se limitó a la pista. Entre lesiones, kilos y una noche de malestar, el equipo tuvo que sortear imprevistos que no dependían del marcador.
La final contra Japón: de la euforia a la paz
La final se disputó contra Japón y fue muy ajustada. El equipo español estuvo por delante en el primer cuarto. «Hubo euforia en el primer cuarto, porque nos vimos muy arriba. Todo salía perfecto», recuerda López. Barroso, en cambio, vivió el partido con altibajos: «Después del primero le decía a Óscar –Perales– hoy sí, hoy sí. Y a mediados del segundo decía, me parece que no».
Bermúdez, sin embargo, llegaba con una convicción: «Tenía muy claro desde que me empecé a preparar que era para eso para lo que lo estaba haciendo. No me lo podía creer en el momento, pero era para eso. Y sabía que si cada uno en su casa había hecho lo mismo que yo, lo teníamos. Y resultó que sí. Se lo decía a mis hermanas, venimos con el oro, seguro».
El desenlace llegó cuando el marcador marcaba cinco segundos para el final. «Cuando ponía en la pantalla que quedaban cinco segundos, que no les da tiempo a hacer otro gol, que ya está hecho», cuenta Bermúdez. Barroso solo quería una cosa: «Quería escuchar ya la bocina». Cuando sonó, el pabellón catalán rompió en aplausos.
Los relatos de los tres coinciden en que el partido se vivió en tres tiempos distintos: la euforia del arranque, la tensión del segundo cuarto y la certeza final, cuando el resultado ya no podía cambiar.
Lo que queda tras el oro
Un mes después, las emociones siguen frescas. López lo describe así: «Sentí paz y luego una euforia brutal. A día de hoy sigo sintiendo cosas nuevas, no tengo palabras».
El homenaje del Concello de Ferrol a López es el reconocimiento más reciente que recogen los hechos, aunque el texto no indica la fecha exacta del acto. Los homenajes, según el relato, siguen llegando a los tres deportistas.
Los tres esperan que el título sirva de altavoz para una disciplina joven, con pocos equipos y con apoyos escasos, pero capaz de coronarse campeona del mundo. Bermúdez lo define como historia del balonmano y, a la vez, como el resultado del esfuerzo de quienes empezaron a practicarlo en España cuando casi nadie lo conocía.
El texto no recoge próximos compromisos ni calendario para el equipo, de modo que el futuro inmediato de la selección y de los tres deportistas no puede precisarse con los datos disponibles.
Por la redacción de GUAY.news.





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