Hace unos 16.500 años, un grupo de cazadores y recolectores volvió a su cueva, en lo que hoy es Cantabria, y se encontró la entrada cerrada. Un desprendimiento de la montaña había bloqueado el acceso. Muchos de sus bienes se quedaron dentro. Y allí han seguido hasta hoy.
Lo que para ellos fue un contratiempo es ahora una suerte enorme para la ciencia. La galería inferior de la cueva de La Garma, en Ribamontán al Monte, quedó sellada durante la última gran glaciación. Por eso conserva uno de los espacios domésticos de la Edad de Piedra mejor preservados de Europa. Entre lo que guarda hay una cabaña: una pequeña vivienda del Paleolítico que los investigadores han podido documentar con gran detalle sin alterar el suelo.
Dirigen el trabajo Pablo Arias, catedrático de Prehistoria de la Universidad de Cantabria, y Roberto Ontañón, director del Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria. El equipo ha usado modelos digitales en 3D y fotogrametría para registrar cada pieza tal y como quedó. El resultado son 4.614 objetos documentados y un retrato muy preciso de cómo vivía, trabajaba y se abrigaba un grupo humano del Magdaleniense medio.
Una cueva cerrada a cal y canto
Un violento derrumbe ocurrido durante la última glaciación cegó la entrada original a la galería inferior de La Garma. Aquello cerró el espacio por completo y dejó su interior detenido en el momento en que lo abandonaron sus últimos ocupantes.
El Gobierno de Cantabria lo describe como una auténtica «cápsula del tiempo» prehistórica. En ella, sin necesidad de excavar, se pueden observar los restos de las actividades de los cazadores tal y como los dejaron sus últimos habitantes. Las fechas varían un poco según quién las dé. El Gobierno de Cantabria sitúa a esos últimos moradores hace unos 16.700 años. Arias y Ontañón datan la construcción de la cabaña hace 16.800 años. Otras descripciones del yacimiento hablan de unos 16.500 años desde el derrumbe.
Esta situación es muy poco habitual en arqueología. Lo explicaba así Germán Delibes, catedrático de Prehistoria de la Universidad de Valladolid y buen conocedor del yacimiento:
«Normalmente los arqueólogos excavamos los basureros, allí donde los humanos dejaban sus restos. Este es completamente distinto, todo está tal cual».
La cueva tiene unos 800 metros cuadrados. En 2021 ya se habían encontrado allí 76.000 restos arqueológicos. Ese mismo año, Luis Monreal, director de la Fundación Aga Khan, la definió como «la Pompeya del Paleolítico». Lo hizo como portavoz del jurado que le concedió el Premio Nacional de Arqueología y Paleontología de la Fundación Palarq.
Además de los restos de la vida diaria, La Garma cuenta con pinturas rupestres muy importantes y con objetos artísticos y de uso cotidiano excepcionales. Para el Gobierno de Cantabria, su Galería Inferior es uno de los yacimientos más relevantes del Paleolítico mundial. También, probablemente, el más prometedor de los que se están documentando hoy.
Así era la casa: cinco metros cuadrados junto al fuego
Los investigadores conocen la vivienda como «estructura I-A». Es un espacio pequeño. Tiene una planta subcircular u ovalada de unos cinco metros cuadrados. El equipo de Arias y Ontañón la considera una de las viviendas paleolíticas mejor conservadas del mundo.
Quienes la levantaron sabían aprovechar la forma de la cueva. La cabaña se construyó justo debajo de una pequeña visera de roca natural, que deja una altura de entre 1,6 y 1,7 metros. Contra esa cornisa de la pared se apoyaba una estructura de palos y pieles.
Para fijar esa estructura al suelo, los constructores magdalenienses colocaron una alineación de bloques de caliza de la propia caverna. También aprovecharon las estalagmitas que salían del suelo. Esa hilera de piedras y estalagmitas es la que marca hoy el contorno de la casa.
En el centro había una pequeña hoguera. El fuego daba calor en las frías profundidades de la cueva y, además, organizaba toda la vida del grupo: a su alrededor se ha encontrado la mayor parte de los vestigios de las tareas cotidianas.
No era, eso sí, un gran campamento para vivir todo el año. Según Pablo Arias, es muy improbable que la cabaña funcionara como residencia permanente. Todo apunta a que era un refugio de uso esporádico o temporal dentro del sistema de cuevas.
4.614 piezas que cuentan la vida diaria
El inventario de la cabaña permite reconstruir qué hacían aquellas personas alrededor del fuego. Arias y Ontañón han documentado 4.614 objetos. Entre ellos destacan:
- Huesos de ciervos, caballos y bisontes, que forman la mayor parte del conjunto.
- 600 piezas de sílex.
- Azagayas, agujas y un protoarpón.
- Conchas de moluscos marinos.
- Huesos decorados y varios colgantes que los habitantes llevaban como adorno.
La pieza más llamativa es una falange de uro perforada. Lleva grabada una representación de ese mismo animal y una cara humana. Según el equipo, es una pieza única en el Paleolítico europeo.
Los restos dibujan un día a día muy concreto. Hay huellas de la fabricación de instrumentos de piedra, asta y hueso. Hay señales del procesado de las piezas de caza. Y hay pruebas del trabajo con pieles.
Esas pieles son uno de los detalles más interesantes. Eran pesadas y quizá se trabajaban en las mismas zonas que ahora se han cartografiado en 3D. Habrían sido clave para sobrevivir a las temperaturas extremas de aquella época glacial. Con ellas también se cubría la propia cabaña.
Los colgantes y los huesos grabados añaden otra capa. Aquellos cazadores no se limitaban a sobrevivir: también se adornaban y dejaban imágenes de los animales que conocían. La Fundación Palarq destacó precisamente que la galería inferior es un yacimiento único en el mundo para documentar los modos de vida, el ritual y el simbolismo de los grupos del Paleolítico.
Ciencia sin pisar el suelo
Estudiar un lugar así tiene una dificultad evidente: no se puede tocar. Un suelo que lleva miles de años intacto se estropea fácilmente. La solución ha llegado de la tecnología.
Un estudio publicado en 2025 explica que, mediante modelos fotogramétricos en 3D de altísima precisión, se puede registrar visual y métricamente la estructura I-A. El sistema recoge también los suelos, las paredes cercanas, la industria ósea y las herramientas de sílex.
La Universidad de Cantabria cifra en 18 meses el trabajo con este sistema en dos de las estructuras de la Galería Inferior. Arias y Ontañón explicaron que documentar este hábitat del Magdaleniense medio exigió dos años de trabajo continuo de un equipo interdisciplinar, con una metodología innovadora basada en técnicas no invasivas.
En el proyecto han participado investigadores del Instituto de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria. Han colaborado además investigadores de las universidades de La Rochelle, York, Toulouse, Salamanca y Oxford, y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Entre los miembros del equipo figuran Rodrigo Portero y Carlos García-Noriega.
Un yacimiento con 400.000 años de historia y lo que viene ahora
La cabaña es una parte de un lugar mucho más grande. La Garma está incluida en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Desde su descubrimiento en 1995 se desarrolla allí un ambicioso proyecto de investigación financiado por el Gobierno de Cantabria.
En la zona hay hasta trece yacimientos. En conjunto abarcan alrededor de 400.000 años de historia, desde el Paleolítico inferior hasta la Edad Media. La secuencia cultural es de las más amplias y completas de la prehistoria europea, y se encuentra en muy pocos lugares del mundo. Incluye:
- Las evidencias más antiguas de presencia humana del Cantábrico.
- Ocupaciones de todas las etapas del Paleolítico superior, con excelentes pinturas y grabados.
- Dos concheros y una sepultura del Mesolítico.
- Estructuras funerarias del Calcolítico y de la Edad del Bronce.
- Un castro de inicios de la Edad del Hierro.
- Tumbas y otros restos del periodo visigodo y de la alta Edad Media.
A eso se suma un gran conjunto de arte rupestre y una de las colecciones de arte mueble paleolítico más relevantes del mundo, según la Fundación Palarq.
Ese valor le dio el premio de 2021. El fallo se dio a conocer en Barcelona y el galardón consistía en 80.000 euros para seguir excavando e investigando. El jurado valoró los avances que puede aportar la excavación al conocimiento de la historia humana, la originalidad de los enfoques y métodos, su potencial educativo y divulgativo, y su importancia cultural. Monreal reconoció que elegir no fue fácil por la «alta calidad» de los finalistas. Entre ellos estaba el yacimiento neolítico de La Draga, en Girona.
Los últimos trabajos en la cabaña se han hecho con el apoyo de la Fundación Palarq. Arias y Ontañón presentaron los resultados en el Museo Arqueológico Nacional. Al acto asistieron Carolina Bähr Vollenweider, directora de la fundación, e Isabel Izquierdo, directora del museo.
Lo mejor es que esta casa se podrá ver de cerca. Según explicaron los dos directores del proyecto, está previsto instalar una reproducción de la estructura en la zona expositiva del Centro de Arte Rupestre de Puente Viesgo. Así, cualquiera podrá hacerse una idea de cómo era refugiarse junto al fuego en una cueva cántabra durante la glaciación.
También anunciaron una conferencia en el Museo Arqueológico Nacional, el 15 de febrero, para contar los resultados del proyecto al público.
Mientras tanto, la galería inferior sigue cerrada y protegida, como lleva miles de años. Ahora, además, cada piedra, cada hueso y cada aguja tienen su copia digital al milímetro. El trabajo continúa sin que nadie tenga que mover nada de su sitio.
Preguntas frecuentes
¿Por qué está tan bien conservada la cabaña de La Garma?
Porque un derrumbe durante la última glaciación cegó la entrada original de la galería inferior de la cueva. El espacio quedó sellado y su interior se conservó tal y como lo dejaron sus últimos habitantes.
¿Cómo era la vivienda?
Tenía una planta ovalada de unos cinco metros cuadrados, bajo una visera de roca de entre 1,6 y 1,7 metros de altura. Era una estructura de palos y pieles fijada al suelo con bloques de caliza y estalagmitas, con una pequeña hoguera en el centro.
¿Qué se ha encontrado dentro?
Se han documentado 4.614 objetos: sobre todo huesos de ciervos, caballos y bisontes, además de 600 piezas de sílex, azagayas, agujas, un protoarpón, conchas marinas, colgantes y huesos decorados, entre ellos una falange de uro grabada única en el Paleolítico europeo.
¿Se podrá visitar?
Está previsto instalar una reproducción de la cabaña en la zona expositiva del Centro de Arte Rupestre de Puente Viesgo, según los directores del proyecto, Pablo Arias y Roberto Ontañón.
Por la redacción de GUAY.news.





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