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Tecnología

Un sistema aéreo reduce un 97,5 % los herbicidas en Australia

Un sistema australiano que combina drones e inteligencia artificial logra reducir un 97,5 % el uso de herbicidas en una finca de 750

Dron sobre campo australiano detectando malas hierbas

Drones e inteligencia artificial para proteger los cultivos

La agricultura de precisión experimenta un avance significativo con la integración de herramientas tecnológicas orientadas a optimizar el uso de insumos en el campo. En la región de Goondiwindi, situada en el estado de Queensland, en Australia, una explotación agrícola de 750 hectáreas ha logrado reducir en un 97,5 % el volumen de productos químicos aplicados mediante el uso de un sistema que detecta vegetación no deseada desde el aire. Esta innovación, desarrollada por la empresa australiana InFarm, utiliza vehículos aéreos no tripulados y modelos de inteligencia artificial para cartografiar las parcelas y transmitir datos precisos a los equipos de fumigación terrestres.

El principio operativo de este método se basa en evitar la pulverización uniforme y masiva sobre la totalidad de la superficie cultivable. En la práctica agrícola tradicional es frecuente aplicar tratamientos contra malas hierbas en extensiones completas del terreno, incluso cuando las plantas no deseadas ocupan únicamente una pequeña fracción de la parcela. La propuesta de InFarm permite que el producto químico se deposite solo en las coordenadas exactas donde se ha verificado la presencia de vegetación invasora, minimizando el impacto en áreas libres de malas hierbas.

Para hacer posible este grado de precisión, la tecnología denominada WeedIQ integra sensores ópticos de alta resolución, algoritmos de aprendizaje automático para el reconocimiento de patrones vegetales y archivos de control compatibles con tractores y pulverizadores agrícolas equipados con posicionamiento geográfico por satélite (GPS). El sistema no exige la adquisición de maquinaria completamente nueva por parte de los productores, ya que se puede integrar con pulverizadores convencionales que dispongan de capacidad de control individualizado por secciones o por boquillas.

El funcionamiento del sistema WeedIQ en cuatro etapas

El tratamiento localizado de las parcelas mediante la plataforma WeedIQ se realiza mediante un proceso estructurado en cuatro fases secuenciales que abarcan desde el vuelo inicial de inspección hasta la aplicación final del herbicida sobre el terreno.

1. Captura de imágenes con drones

En la primera etapa, un dron equipado con cámaras de alta resolución sobrevuela la parcela agrícola siguiendo una ruta de vuelo preprogramada. Durante el recorrido, el vehículo aéreo toma fotografías aéreas detalladas que incorporan datos de georreferenciación. Estas imágenes permiten vincular cada elemento vegetal identificado con una posición geográfica exacta dentro del campo de cultivo.

2. Procesamiento mediante inteligencia artificial

Una vez recolectadas las fotografías, la información digital es analizada por algoritmos de inteligencia artificial especializados en el reconocimiento de vegetación. El software examina los matices de color, las formas y las estructuras presentes en las capturas para distinguir el suelo o el rastrojo de las malas hierbas. Con los datos procesados, la plataforma genera un mapa digital que refleja la distribución y densidad de las plantas no deseadas en toda la extensión examinada.

3. Generación del mapa de aplicación

En la tercera fase, la herramienta transforma el mapa de distribución vegetal en un archivo de presposicionamiento o mapa de prescripción digital. Este documento informático contiene instrucciones directas para la maquinaria agrícola, definiendo con exactitud en qué puntos del terreno se debe activar la salida de producto y en cuáles debe permanecer cerrada.

4. Pulverización selectiva en el campo

Finalmente, el archivo digital se carga en el ordenador de a bordo del tractor. Cuando el equipo de pulverización recorre la parcela, el sistema de control basado en GPS lee la posición en tiempo real y gestiona la apertura o el cierre de las boquillas de fumigación. De este modo, la mezcla química se descarga únicamente cuando la maquinaria transita directamente sobre las zonas donde la inteligencia artificial detectó previamente las malas hierbas.

Resultados documentados en Goondiwindi: datos económicos y ambientales

Los datos comunicados por InFarm sobre la prueba realizada en la explotación de 750 hectáreas en Goondiwindi muestran una diferencia notable entre el tratamiento convencional y la aplicación de precisión. En un tratamiento tradicional donde se pulveriza la totalidad de la superficie, el volumen total de mezcla aplicado habría alcanzado los 75.000 litros de producto. Mediante el uso de la pulverización selectiva guiada por dron, la cantidad requerida descendió a 1.875 litros. Esta diferencia representa una reducción del 97,5 % en la cantidad de líquido empleado.

En el apartado económico, la empresa ha detallado el desglose financiero asociado a la operación en la citada finca australiana. El coste estimado del producto químico para tratar las 750 hectáreas de manera uniforme ascendía a 15.000 dólares australianos. Con el sistema de detección aérea, el gasto en insumos químicos disminuyó sustancialmente. Al sumar el coste del servicio tecnológico —que abarca la realización de los vuelos con dron, el procesamiento de las imágenes con inteligencia artificial y la elaboración del mapa digital de fumigación—, el gasto total de la operación se situó en 4.125 dólares australianos.

  • Volumen de tratamiento en pulverización tradicional: 75.000 litros.
  • Volumen de tratamiento con sistema selectivo: 1.875 litros.
  • Porcentaje de reducción del volumen químico: 97,5 %.
  • Coste total estimado en tratamiento tradicional: 15.000 dólares australianos.
  • Coste total acumulado con el sistema tecnológico: 4.125 dólares australianos.
  • Ahorro económico neto en la operación: 10.875 dólares australianos.
  • Porcentaje de ahorro económico global: 72,5 %.

Es importante señalar que las cifras de volumen químico y de coste económico son distintas: mientras que el volumen de líquido aplicado se redujo un 97,5 %, la disminución en el coste total para el agricultor fue del 72,5 % debido a la inclusión del importe correspondiente a los servicios tecnológicos. Asimismo, los responsables del proyecto aclaran que estos datos corresponden al análisis de una parcela concreta con sus condiciones específicas de infestación y que los porcentajes no son idénticos ni garantizables en cualquier tipo de suelo, cultivo o estación.

Diferencias técnicas: del suelo descubierto a los cultivos en crecimiento

El desempeño demostrado en la finca de Queensland se obtuvo en parcelas que se encontraban en periodo de barbecho. En la jerarquía de la agricultura de precisión, la identificación de malas hierbas sobre superficies sin cultivo se denomina tecnología de verde sobre marrón (green-on-brown). En esta modalidad, los algoritmos reconocen la pigmentación verde de la vegetación que contrasta de forma clara frente al tono marrón o dorado del suelo desnudo y del rastrojo seco.

El siguiente reto tecnológico en el que trabajan los desarrolladores es el modelo de verde sobre verde (green-on-green). Esta técnica busca identificar y clasificar las plantas no deseadas cuando crecen mezcladas entre las líneas de un cultivo en desarrollo. Distinguir una mala hierba entre miles de brotes de la especie sembrada requiere modelos de inteligencia artificial más complejos, capaces de analizar diferencias morfológicas finas en las hojas, tonalidades específicas y patrones de crecimiento en diversas condiciones de luz solar y humedad.

Para avanzar en esta dirección, InFarm mantiene acuerdos de colaboración con la multinacional Bayer y con investigadores de la Universidad Central de Queensland (CQUniversity). Estas alianzas tienen como objetivo entrenar nuevos modelos de aprendizaje automático capaces de operar con eficacia en diferentes tipologías de cultivo, épocas del año y estados fenológicos de las plantas.

El perfil del agricultor y la evolución de las labores en el campo

Según la definición recogida en el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española (RAE), la persona dedicada a la agricultura es aquella que se dedica a cultivar o labrar la tierra. Las tareas habituales en este ámbito productivo son variadas e incluyen la preparación del terreno, la siembra, las labores de riego, la fertilización, el mantenimiento mecánico de las herramientas y tractores, el control de plagas y la cosecha de los alimentos.

En la clasificación sectorial existen diversos enfoques de producción. Por un lado, la agricultura tradicional se fundamenta en usos y costumbres transmitidos entre generaciones, a menudo con un grado menor de automatización. Por otro lado, la agricultura ecológica busca preservar los ciclos naturales del ecosistema sin emplear agroquímicos sintéticos. Entre ambas se sitúa la producción integrada, un modelo que combina técnicas ambientales con el uso regulado de insumos agroquímicos sintéticos mediante normas técnicas específicas para garantizar una producción sostenible.

Los horarios de trabajo en la actividad agrícola suelen ser extensos, con jornadas convencionales de 8 horas diarias o 44 horas semanales, pudiendo alcanzar hasta 9 horas continuas según la legislación laboral y la intensidad de las campañas de siembra o recolección. La incorporación de tecnologías aéreas y herramientas de precisión permite a los profesionales optimizar el tiempo dedicado a la inspección de grandes parcelas y reducir la cantidad de insumos requeridos en las labores cotidianas.

Perspectivas y alcance de la tecnología de pulverización selectiva

La combinación de drones, inteligencia artificial y maquinaria conectada por GPS ofrece un margen de optimización en la gestión de costes operativos dentro de las explotaciones agrícolas. Al disminuir el volumen de herbicida requerido en cada intervención, se logra una reducción paralela en la logística de transporte de agua y producto químico, así como en los tiempos necesarios para el rellenado de los depósitos de los pulverizadores.

A medida que la tecnología de verde sobre verde complete sus etapas de desarrollo y validación en colaboración con instituciones académicas y entidades del sector, las herramientas de cartografía aérea y aplicación localizada podrán extenderse a una variedad más amplia de cultivos en fase de crecimiento activo. Los datos recopilados en la experiencia de Goondiwindi aportan una referencia fundamentada sobre la viabilidad de integrar la inteligencia artificial en las labores habituales de protección de cultivos en grandes extensiones agrícolas.

El contexto en España y la respuesta tecnológica europea

El control de la vegetación no deseada representa un desafío económico y agronómico de primer orden. A nivel global, las pérdidas de rendimiento provocadas por las malas hierbas superan a las causadas por plagas de insectos, hongos u otras enfermedades vegetales. En España, el gasto total anual en productos fitosanitarios se sitúa en torno a los 1.000 millones de euros, de los cuales los herbicidas representan un porcentaje destacado.

Para responder a retos como la deriva de químicos hacia aguas subterráneas, la creciente resistencia a las moléculas tradicionales, la retirada de registros comunitarios y la aparición de especies invasoras, se desarrollan iniciativas en el ámbito europeo. Un ejemplo es el proyecto EIT-DACWEED, llevado a cabo en el Centro de Automática y Robótica con financiación europea y la colaboración de empresas como John Deere y Grupo AN. Esta iniciativa desarrolla vehículos autónomos sin conductor y un cerebro artificial instalado a bordo del tractor para aplicar tratamientos inteligentes. Las pruebas se realizan en cultivos de tomate, maíz, girasol y cereales, con la perspectiva de que esta tecnología pueda incorporarse a explotaciones reales en menos de dos años.

Ensayos complementarios en Australia: reducción de fertilizantes nitrogenados

Más allá de la gestión de malezas, el ajuste de insumos se extiende a la nutrición de los cultivos en el territorio australiano. Un ensayo llevado a cabo por el Instituto de Agricultura de Tasmania logró reducir alrededor de un 25 % el uso de nitrógeno en cultivos de patata sin generar diferencias significativas en el rendimiento de la cosecha ni en los parámetros de calidad de los tubérculos.

La investigación forma parte de un proyecto demostrativo de cuatro años enfocado en analizar las emisiones de gases de efecto invernadero en cultivos hortícolas de clima fresco. Los análisis señalan que los fertilizantes nitrogenados —por la liberación de óxido nitroso al suelo y durante su fabricación— y el consumo energético por el uso de gasoil en tractores y electricidad para el bombeo de agua constituyen los principales puntos de emisión en la producción de patata. El ensayo determinó que reducir un 25 % el nitrógeno no disminuye automáticamente las emisiones globales en la misma proporción, ya que el uso de gasoil en los tractores se mantiene similar, lo que exige evaluar el sistema productivo en su conjunto.

El proyecto EIT-DACWEED y los desafíos de la gestión de malas hierbas en España

El uso de tecnologías avanzadas para combatir la vegetación no deseada se encuentra también en desarrollo dentro del ámbito europeo. En España, el Centro de Automática y Robótica encabeza el proyecto denominado EIT-DACWEED, una iniciativa financiada con fondos de la Unión Europea en la que participan la empresa de maquinaria agrícola John Deere y la cooperativa Grupo AN. Esta investigación trabaja en la creación de un sistema de aplicación inteligente compuesto por un cerebro artificial instalado a bordo del tractor y vehículos autónomos capaces de operar sin conductor, lo que permitirá a los agricultores supervisar las parcelas sin necesidad de intervenir de forma directa en las decisiones de pulverización.

Las pruebas operativas de esta plataforma se están llevando a cabo en cultivos de tomate, maíz, girasol y cereales. Según los cálculos de las entidades participantes, se prevé que la tecnología pueda estar plenamente incorporada en explotaciones agrícolas reales en un plazo inferior a dos años. La urgencia de estas soluciones responde a que las malas hierbas representan la principal causa de pérdida de rendimiento en la producción mundial de alimentos, superando los daños provocados de forma conjunta por insectos, hongos y otras enfermedades vegetales.

En el escenario español, el gasto anual invertido en productos fitosanitarios se sitúa en torno a los 1.000 millones de euros, de los cuales una parte destacada corresponde a la adquisición de herbicidas. A este impacto económico se suman diversos condicionantes ambientales e industriales, como el riesgo de deriva de productos químicos hacia aguas subterráneas y alimentos, la aparición de resistencias en las plantas, la retirada de sustancias autorizadas bajo la normativa europea y el avance de especies invasoras vinculadas al cambio global.

Pruebas en Tasmania: reducción de fertilizantes nitrogenados en el cultivo de la patata

Junto a la disminución de herbicidas, la optimización de los nutrientes aplicados al suelo constituye otra línea de trabajo centrada en el uso eficiente de insumos. En Australia, un ensayo realizado por el Instituto de Agricultura de Tasmania ha determinado que es posible reducir en aproximadamente un 25 % el uso de fertilizantes nitrogenados en el cultivo de la patata sin registrar variaciones significativas en el rendimiento de la cosecha ni en los parámetros de calidad de los tubérculos analizados.

Esta experiencia forma parte de un proyecto demostrativo diseñado para un periodo de cuatro años, cuyo objetivo es evaluar y cuantificar las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por diferentes cultivos hortícolas propios de climas frescos. Durante la primera temporada de pruebas, los investigadores compararon el modelo productivo tradicional —enfocado en alcanzar la máxima cantidad de cosecha— con un programa de manejo optimizado orientado a mitigar las emisiones directas e indirectas.

Para lograr la disminución del 25 % en el aporte de nitrógeno, el tratamiento ajustó la dosis administrada, la forma química del fertilizante, el momento exacto de su distribución en el terreno y la utilización de la fertirrigación. El análisis de las operaciones en las parcelas de Tasmania señala que los fertilizantes nitrogenados y el consumo energético son los principales puntos de emisión en la producción local de patata. En este proceso, el nitrógeno genera emisiones tanto durante su fabricación industrial como tras su incorporación al terreno mediante la liberación de óxido nitroso, mientras que el consumo de energía proviene del uso de gasoil en los trabajos agrícolas mecanizados y del gasto eléctrico asociado a las instalaciones.

El proyecto EIT-DACWEED y los desafíos de la gestión de malas hierbas en España

El uso de tecnologías avanzadas para combatir la vegetación no deseada se encuentra también en desarrollo dentro del ámbito europeo. En España, el Centro de Automática y Robótica encabeza el proyecto denominado EIT-DACWEED, una iniciativa financiada con fondos de la Unión Europea en la que participan la empresa de maquinaria agrícola John Deere y la cooperativa Grupo AN. Esta investigación trabaja en la creación de un sistema de aplicación inteligente compuesto por un cerebro artificial instalado a bordo del tractor y vehículos autónomos capaces de operar sin conductor, lo que permitirá a los agricultores supervisar las parcelas sin necesidad de intervenir de forma directa en las decisiones de pulverización.

Las pruebas operativas de esta plataforma se están llevando a cabo en cultivos de tomate, maíz, girasol y cereales. Según los cálculos de las entidades participantes, se prevé que la tecnología pueda estar plenamente incorporada en explotaciones agrícolas reales en un plazo inferior a dos años. La urgencia de estas soluciones responde a que las malas hierbas representan la principal causa de pérdida de rendimiento en la producción mundial de alimentos, superando los daños provocados de forma conjunta por insectos, hongos y otras enfermedades vegetales.

En el escenario español, el gasto anual invertido en productos fitosanitarios se sitúa en torno a los 1.000 millones de euros, de los cuales una parte destacada corresponde a la adquisición de herbicidas. A este impacto económico se suman diversos condicionantes ambientales e industriales, como el riesgo de deriva de productos químicos hacia aguas subterráneas y alimentos, la aparición de resistencias en las plantas, la retirada de sustancias autorizadas bajo la normativa europea y el avance de especies invasoras vinculadas al cambio global.

Pruebas en Tasmania: reducción de fertilizantes nitrogenados en el cultivo de la patata

Junto a la disminución de herbicidas, la optimización de los nutrientes aplicados al suelo constituye otra línea de trabajo centrada en el uso eficiente de insumos. En Australia, un ensayo realizado por el Instituto de Agricultura de Tasmania ha determinado que es posible reducir en aproximadamente un 25 % el uso de fertilizantes nitrogenados en el cultivo de la patata sin registrar variaciones significativas en el rendimiento de la cosecha ni en los parámetros de calidad de los tubérculos analizados.

Esta experiencia forma parte de un proyecto demostrativo diseñado para un periodo de cuatro años, cuyo objetivo es evaluar y cuantificar las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por diferentes cultivos hortícolas propios de climas frescos. Durante la primera temporada de pruebas, los investigadores compararon el modelo productivo tradicional —enfocado en alcanzar la máxima cantidad de cosecha— con un programa de manejo optimizado orientado a mitigar las emisiones directas e indirectas.

Para lograr la disminución del 25 % en el aporte de nitrógeno, el tratamiento ajustó la dosis administrada, la forma química del fertilizante, el momento exacto de su distribución en el terreno y la utilización de la fertirrigación. El análisis de las operaciones en las parcelas de Tasmania señala que los fertilizantes nitrogenados y el consumo energético son los principales puntos de emisión en la producción local de patata. En este proceso, el nitrógeno genera emisiones tanto durante su fabricación industrial como tras su incorporación al terreno mediante la liberación de óxido nitroso, mientras que el consumo de energía proviene del uso de gasoil en los trabajos agrícolas mecanizados y del gasto eléctrico asociado a las instalaciones.

El proyecto EIT-DACWEED y los desafíos de la gestión de malas hierbas en España

El uso de tecnologías avanzadas para combatir la vegetación no deseada se encuentra también en desarrollo dentro del ámbito europeo. En España, el Centro de Automática y Robótica encabeza el proyecto denominado EIT-DACWEED, una iniciativa financiada con fondos de la Unión Europea en la que participan la empresa de maquinaria agrícola John Deere y la cooperativa Grupo AN. Esta investigación trabaja en la creación de un sistema de aplicación inteligente compuesto por un cerebro artificial instalado a bordo del tractor y vehículos autónomos capaces de operar sin conductor, lo que permitirá a los agricultores supervisar las parcelas sin necesidad de intervenir de forma directa en las decisiones de pulverización.

Las pruebas operativas de esta plataforma se están llevando a cabo en cultivos de tomate, maíz, girasol y cereales. Según los cálculos de las entidades participantes, se prevé que la tecnología pueda estar plenamente incorporada en explotaciones agrícolas reales en un plazo inferior a dos años. La urgencia de estas soluciones responde a que las malas hierbas representan la principal causa de pérdida de rendimiento en la producción mundial de alimentos, superando los daños provocados de forma conjunta por insectos, hongos y otras enfermedades vegetales.

En el escenario español, el gasto anual invertido en productos fitosanitarios se sitúa en torno a los 1.000 millones de euros, de los cuales una parte destacada corresponde a la adquisición de herbicidas. A este impacto económico se suman diversos condicionantes ambientales e industriales, como el riesgo de deriva de productos químicos hacia aguas subterráneas y alimentos, la aparición de resistencias en las plantas, la retirada de sustancias autorizadas bajo la normativa europea y el avance de especies invasoras vinculadas al cambio global.

Pruebas en Tasmania: reducción de fertilizantes nitrogenados en el cultivo de la patata

Junto a la disminución de herbicidas, la optimización de los nutrientes aplicados al suelo constituye otra línea de trabajo centrada en el uso eficiente de insumos. En Australia, un ensayo realizado por el Instituto de Agricultura de Tasmania ha determinado que es posible reducir en aproximadamente un 25 % el uso de fertilizantes nitrogenados en el cultivo de la patata sin registrar variaciones significativas en el rendimiento de la cosecha ni en los parámetros de calidad de los tubérculos analizados.

Esta experiencia forma parte de un proyecto demostrativo diseñado para un periodo de cuatro años, cuyo objetivo es evaluar y cuantificar las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por diferentes cultivos hortícolas propios de climas frescos. Durante la primera temporada de pruebas, los investigadores compararon el modelo productivo tradicional —enfocado en alcanzar la máxima cantidad de cosecha— con un programa de manejo optimizado orientado a mitigar las emisiones directas e indirectas.

Para lograr la disminución del 25 % en el aporte de nitrógeno, el tratamiento ajustó la dosis administrada, la forma química del fertilizante, el momento exacto de su distribución en el terreno y la utilización de la fertirrigación. El análisis de las operaciones en las parcelas de Tasmania señala que los fertilizantes nitrogenados y el consumo energético son los principales puntos de emisión en la producción local de patata. En este proceso, el nitrógeno genera emisiones tanto durante su fabricación industrial como tras su incorporación al terreno mediante la liberación de óxido nitroso, mientras que el consumo de energía proviene del uso de gasoil en los trabajos agrícolas mecanizados y del gasto eléctrico asociado a las instalaciones.

Ensayos con nitrógeno en Tasmania: un 25 % menos de fertilizante en la patata

El control preciso de los insumos agrícolas no se limita a la eliminación de malas hierbas. En Australia, un ensayo llevado a cabo por el Instituto de Agricultura de Tasmania ha comprobado que es posible reducir alrededor de un 25 % el uso de nitrógeno en el cultivo de la patata sin perjudicar el rendimiento ni la calidad final de los tubérculos. La investigación se enmarca en un proyecto demostrativo de cuatro años de duración diseñado para analizar las emisiones de gases de efecto invernadero en cultivos hortícolas de clima fresco.

A lo largo de la primera temporada, los investigadores compararon el programa convencional orientado a maximizar la producción con una estrategia optimizada para recortar emisiones. En este tratamiento ajustado se modificó la dosis, el momento de aplicación, la forma del fertilizante y se recurrió a la fertirrigación. A pesar de utilizar una cuarta parte menos de nitrógeno, no se detectaron diferencias significativas en los parámetros evaluados. El estudio señala que los fertilizantes nitrogenados —por la liberación de óxido nitroso al suelo y su fabricación— y el uso de energía (gasoil y electricidad) son los puntos clave de emisión en la producción australiana de patata.

El proyecto europeo EIT-DACWEED y el mercado español

A nivel global, la presencia de vegetación no deseada provoca pérdidas en los rendimientos agrícolas superiores a las causadas por plagas de insectos u hongos. En España, los costes en productos fitosanitarios se sitúan en torno a los 1.000 millones de euros al año, correspondiendo una fracción muy elevada a la compra de herbicidas.

Para dar respuesta a esta situación, el Centro de Automática y Robótica trabaja en el proyecto EIT-DACWEED, una iniciativa financiada con fondos europeos en la que participan entidades como John Deere y Grupo AN. Este desarrollo integra un cerebro artificial a bordo del tractor, vehículos autónomos sin conductor y un sistema de aplicación inteligente que asume la toma de decisiones, de modo que el profesional del campo solo debe supervisar la labor. El procedimiento se está probando en parcelas de tomate, maíz, girasol y cereales, y se contempla su plena incorporación en explotaciones agrícolas reales en un plazo inferior a dos años.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto se redujo el volumen de herbicida aplicado?

En una prueba documentada de 750 hectáreas en Goondiwindi (Australia), el volumen de tratamiento bajó de 75.000 a 1.875 litros, lo que representa una reducción del 97,5 %.

¿Cuánto supuso el ahorro económico total?

El coste del tratamiento descendió de 15.000 a 4.125 dólares australianos incluyendo los servicios tecnológicos, lo que equivale a un ahorro del 72,5 % (10.875 dólares australianos).

¿Es necesario comprar un tractor nuevo para usar esta tecnología?

No, el sistema puede utilizarse con pulverizadores agrícolas existentes que dispongan de posicionamiento GPS y control por boquillas o secciones.

¿Qué empresas e instituciones participan en este desarrollo?

La tecnología ha sido creada por la empresa InFarm, que colabora con Bayer y la Universidad Central de Queensland (CQUniversity) para ampliar sus aplicaciones.

Por la redacción de GUAY.news.

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