Un excremento fosilizado de dinosaurio hallado en Montana (Estados Unidos) conserva plumas de un ave que vivió hace unos 66 millones de años, justo antes de la gran extinción del final del Cretácico. Las plumas muestran una estructura interna parecida a la de las aves actuales, junto a otras de tipo más primitivo. El estudio se publicó el 10 de septiembre en la revista Current Biology.
Una pluma asomando de una roca
El hallazgo se produjo en 2016. David DeMar Jr., investigador vinculado a la Universidad de Washington y al Museo Burke, buscaba fósiles de peces en la formación Hell Creek. Allí recogió un fragmento de color marrón rojizo, del tamaño de media pelota de golf. Al mirarlo con una lupa vio una diminuta pluma en la superficie.
«No podía creer lo que estaba viendo».
La pieza era un coprolito, el nombre que reciben los excrementos fosilizados. Para ver su interior, el equipo usó tomografía computarizada, una técnica de rayos X que permite reconstruir en tres dimensiones lo que esconde una roca.
Dentro aparecieron más plumas, huesos de patas y pequeñas escamas de pez. Los huesos indican que el ave era un hesperornitiforme, un grupo extinguido de aves acuáticas buceadoras que no pertenece al linaje de las aves modernas. Las escamas serían de un pez que el ave comió antes de ser devorada por un dinosaurio terópodo. Los investigadores no han podido identificar qué dinosaurio produjo el excremento.
Un diseño ligero y rígido
Las plumas tienen un eje de sección cuadrada con un interior esponjoso. Esa combinación aporta ligereza y rigidez, y es la misma que presentan las plumas de las aves actuales. Según la Universidad de Washington, el hallazgo adelanta unos diez millones de años el registro conocido de ese interior esponjoso.
El coprolito también contenía pequeñas plumas corporales con una organización más primitiva. El ave combinaba, por tanto, distintos tipos de plumaje. Esa mezcla interesa especialmente a Jingmai O’Connor, investigadora del Field Museum de Chicago y autora principal del estudio.
Una pista sobre la extinción
Las plumas del cuerpo ayudan a conservar el calor. Los autores plantean que las formas primitivas quizá protegían peor del frío que las plumas de las aves que sobrevivieron al impacto del asteroide. En el invierno que siguió a la catástrofe, esa diferencia pudo pesar. El fósil, sin embargo, no demuestra por sí solo que esa fuera la causa de la desaparición de estas aves.
La pregunta sigue abierta. Las aves actuales descienden de los neornites, el grupo que atravesó aquella extinción, mientras que otros linajes desaparecieron. Vivir cerca del agua no basta para explicar la diferencia, porque los hesperornitiformes también eran acuáticos. O’Connor propone examinar más coprolitos con tomografía para encontrar otras plumas y ampliar las comparaciones.
Por la redacción de GUAY.news.





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