Sacarse sangre es una de las pruebas médicas más habituales del mundo, y también una de las que más nervios genera. Estados Unidos acaba de autorizar el primer robot para extraer sangre de forma autónoma, sin que un profesional tenga que manejar la aguja. Se llama Aletta, lo ha desarrollado la empresa neerlandesa Vitestro y, según los datos clínicos, los pacientes lo han recibido mucho mejor de lo esperado.
Cómo funciona
Aletta combina inteligencia artificial, ecografía Doppler y sistemas de imagen para localizar una vena y hacer la punción. El paciente apoya el brazo en un soporte, el sistema analiza los vasos sanguíneos y elige la vena más adecuada. Después, un torniquete se ajusta al brazo y una aguja controlada por el robot realiza la extracción. El equipo incorpora medidas de esterilización y está preparado para detenerse y retirar la aguja automáticamente si detecta que el paciente se mueve demasiado.
La automatización no elimina a las personas. Al terminar, el dispositivo coloca un vendaje y un profesional comprueba que todo se ha hecho correctamente y que las muestras están bien organizadas.
Acierta a la primera y duele menos
Según los datos aportados, Aletta completa la extracción al primer intento en más del 94 % de los casos, un rendimiento comparable al de profesionales entrenados. Pero lo más llamativo fue la reacción de los pacientes: el 90 % dijo que la extracción fue igual o menos dolorosa que la manual, y el 82 % aseguró no tener preferencia entre que la hiciera una persona o el robot.
La Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. (FDA) considera que el equipo cumple sus criterios de seguridad y que los datos muestran una calidad comparable o superior a la de profesionales formados en flebotomía. Antes, Aletta ya había superado los requisitos europeos de salud, seguridad y medio ambiente y había recibido autorización para un uso precomercial en Europa.
Un apoyo, no un sustituto
La autorización no significa que los profesionales vayan a desaparecer. El planteamiento es usar estos robots para aumentar la capacidad de los centros sanitarios: un solo profesional puede supervisar hasta tres dispositivos a la vez. Así se busca aliviar la escasez de especialistas en extracciones en Estados Unidos y automatizar una tarea repetitiva, mientras la supervisión y la gestión de las muestras siguen en manos del personal sanitario.
Por qué importa
Menos pinchazos fallidos, menos esperas y más tiempo del personal sanitario para lo que de verdad requiere trato humano. Para quienes necesitan análisis frecuentes, o para quienes tienen venas difíciles, un sistema que acierta a la primera y duele menos es una mejora real en su día a día. Y que la tecnología llegue como apoyo a los profesionales, y no como reemplazo, es la mejor forma de que beneficie a todos.
Por la redacción de GUAY.news.





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