Las campanas de la iglesia de la Asunción de Bellvís han vuelto a sonar de la mano de los vecinos. Lo han hecho 54 años después de que los toques manuales desaparecieran, y lo han hecho durante la Festa Major, en un programa repartido entre el domingo y el martes que ha devuelto al pueblo una parte de su memoria sonora.
Detrás de la recuperación está la Agrupació de Campaners de Bellvís, un grupo de voluntarios que ha ido sumando colaboradores hasta alcanzar la veintena. La iniciativa cuenta con el apoyo de la parroquia y la colaboración del ayuntamiento, y se ha apoyado en la formación y el asesoramiento de campaneros de Valls y de Cervera, que han transmitido a los voluntarios el oficio de tocar a mano.
Antes: un campanario electrificado y callado
Los toques manuales de las campanas de la iglesia de la Asunción desaparecieron en 1972, cuando se electrificó el campanario. Con la mecanización, el gesto de tocar a mano dejó de formar parte de la vida del pueblo y, con él, un lenguaje que los vecinos conocían bien.
Durante más de medio siglo, el campanario funcionó sin el gesto humano que antes marcaba el ritmo de las celebraciones. Lo que quedó fue un sonido automático, ajeno a la intervención de quienes vivían en el pueblo, y la memoria de unos toques que ya no se oían.
El lenguaje de las campanas
Ese lenguaje era mucho más que música. Según explica Marcel Salvia, integrante de la agrupación, «cada toque tenía su lenguaje». Cada repique tenía un significado propio y servía para anunciar los distintos momentos religiosos y festivos, de manera que quien escuchaba las campanas sabía qué estaba ocurriendo en la comunidad sin necesidad de mirar al campanario.
Además, antiguamente las campanas también servían para alertar de incendios, tormentas y otras emergencias. El campanario funcionaba así como un sistema de aviso para toda la comunidad, una función que iba más allá de la vida litúrgica y que formaba parte de la vida cotidiana del pueblo.
Las tres campanas del campanario
El campanario de Bellvís cuenta con tres campanas. Una de ellas es la Sogues, que según Salvia fue fundida en 1936. Otra es la Santa Bàrbara, de 1949. De la tercera, en cambio, todavía se desconoce la antigüedad.
La agrupación sigue investigando la historia de las tres campanas, y la incógnita sobre la tercera forma parte de ese trabajo. Mientras no se conozca su origen, el conjunto queda incompleto en la documentación de la que dispone el pueblo, algo que los voluntarios pretenden resolver.
El origen del proyecto
La iniciativa nació el pasado mes de julio. Marcel Salvia visitó el campanario acompañado por un especialista de Valls y por el párroco para conocer el estado y la historia de las campanas. Aquellas indagaciones iniciales fueron el germen del proyecto: de la curiosidad por conocer el campanario se pasó a la idea de recuperar los antiguos toques.
A partir de ahí, la agrupación fue creciendo hasta reunir a una veintena de voluntarios. Los campaneros de Valls y de Cervera les transmitieron el oficio y les asesoraron en un aprendizaje que había quedado interrumpido en el pueblo durante más de medio siglo. Con ese apoyo, la parroquia y el ayuntamiento se sumaron a una iniciativa que pasó de la idea a la práctica.
Ahora: un programa de toques para toda la Festa Major
El estreno fue algo más que un toque simbólico. El programa incluyó toques de vigilia, completas, oficio, procesión, fiesta y difuntos, repartidos entre el domingo y el martes. Cada uno de ellos corresponde a un momento distinto de la celebración, lo que permitió recuperar buena parte de ese repertorio que antes organizaba el ritmo de la jornada.
El lunes, festividad de la Mare de Déu de les Sogues, las campanas anunciaron los actos religiosos del día. Entre ellos estuvieron la procesión y la misa solemne, con la interpretación de la Pontificalis de Perosi. La noche de la celebración, el campanario se iluminó de manera especial como símbolo del regreso de la tradición.
54 años después de la electrificación del campanario en 1972, los toques manuales han vuelto a la iglesia de la Asunción.
Una veintena de voluntarios integran la Agrupació de Campaners de Bellvís.
Según las fuentes, la recuperación supone recobrar una parte del patrimonio sonoro del municipio y el regreso de una tradición que se daba por perdida. Lo que durante 54 años fue un sonido automático ha vuelto a ser un gesto humano, ejecutado a mano por vecinos del pueblo.
Qué viene ahora
El objetivo declarado de la agrupación es mantener los toques manuales en las principales celebraciones religiosas y festividades del municipio, de modo que lo ocurrido en esta Festa Major no quede como una excepción. Para ello, los voluntarios continúan su labor de aprendizaje y de investigación sobre las campanas que cuidan.
Queda por resolver, por ejemplo, la historia de la tercera campana, cuya antigüedad todavía se desconoce y que forma parte de las indagaciones de la agrupación. Mientras tanto, Bellvís ya ha recuperado lo esencial: un campanario que vuelve a hablar con el lenguaje que tuvo durante generaciones.
Por la redacción de GUAY.news.





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