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Salud

Silvia, primera europea trasplantada con una sola incisión

Bellvitge opera con robot y una incisión de siete centímetros, el primer trasplante renal de este tipo en Europa.

Quirófano con robot quirúrgico y equipo médico durante una intervención de trasplante renal.

Silvia tiene 58 años y desde hace diez convive con una poliquistosis renal y hepática. Este otoño se ha convertido en la primera paciente de Europa en recibir un riñón de donante vivo mediante cirugía robótica con una única incisión de unos siete centímetros. La operación se hizo en el Hospital de Bellvitge, en L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona), en septiembre, y el donante fue su marido.

El centro ha estrenado así el robot Da Vinci SP en este tipo de trasplantes. Según explicó el hospital, hasta ahora esta técnica de incisión única solo se había practicado en Cleveland (Estados Unidos). Tras aquel primer caso, el equipo la ha repetido con éxito en otros tres trasplantes: cuatro intervenciones en total, sin ninguna complicación.

Los responsables médicos presentaron los resultados en una rueda de prensa un miércoles, con Silvia presente. Ella es quien mejor resume lo que ha supuesto: su recuperación, dice, ha sido «mucho mejor de lo que pensaba».

Diez años de una enfermedad que avanza despacio

La historia de Silvia no empieza en el quirófano. Le diagnosticaron la poliquistosis renal y hepática hace una década y, aunque siempre ha tenido «muy buena calidad» de vida, sus análisis periódicos indicaban que la función de sus riñones se iba reduciendo poco a poco.

Ante ese panorama, el trasplante era el camino. Anna Manonelles, responsable del programa de trasplante renal de donante vivo, lo defiende como la «mejor» opción terapéutica sustitutiva para la enfermedad renal y recuerda que, si se hace de forma anticipada, permite evitar la diálisis. Añade que los riñones de donante vivo duran más que los de donante cadáver, en concreto 10, 12 o 15 años, aunque también pueden surgir complicaciones.

Para Silvia, la posibilidad de un trasplante «suponía muchísimo». Pero había una condición personal: su marido tenía claro desde el principio que sería él quien le donaría el órgano, y ella solo aceptó cuando estuvo segura de que no supondría ningún agravio para su pareja. Después llegaron las pruebas de compatibilidad y los análisis, y finalmente el trasplante.

Qué cambia frente al robot multipuerto

Para entender qué ha cambiado hay que mirar cómo se operaba hasta ahora. Òscar Buisan, jefe de Urología de Bellvitge, lo explica así: «Con el robot multipuerto teníamos que hacer esta misma incisión para colocar el riñón y después teníamos que hacer otras seis, aproximadamente de un centímetro cada una, para introducir los brazos robóticos y los ayudantes».

Con el nuevo sistema, el planteamiento es otro: «Con el robot de un solo puerto, únicamente realizamos la incisión para entrar en el riñón y aplicar toda la técnica». Por ese único acceso de unos siete centímetros se introducen tres instrumentos microarticulados y un endoscopio 3D.

La consola del Da Vinci SP ofrece un rango de movimientos de 360 grados y controles «intuitivos» que facilitan la versatilidad de los movimientos y el control quirúrgico. La plataforma incorpora además ópticas y tecnología avanzada para el tratamiento de las imágenes, con una visualización 3D del campo quirúrgico que el propio hospital describe como «diáfana y detallada».

Las claves de la técnica

  • Una sola incisión de unos 7 centímetros, frente a esa misma más seis adicionales en el robot multipuerto.
  • Tres instrumentos microarticulados y un endoscopio 3D por el puerto único.
  • Consola con un rango de movimientos de 360 grados.
  • Menos posibilidad de complicaciones y menos dolor posoperatorio, con una recuperación más rápida.
  • Más cómoda para pacientes con problemas respiratorios.

Las descripciones de las incisiones de la técnica multipuerto no coinciden del todo entre las fuentes consultadas: unas hablan de seis incisiones de aproximadamente un centímetro, y otras, de cuatro de entre 8 milímetros y 1 centímetro, más dos de entre 8 y 12 milímetros. Todas coinciden en que el procedimiento multipuerto exige más accesos que el de puerto único.

Cifras clave del programa

7 cm Longitud de la única incisión necesaria para el trasplante con el robot de puerto único.

4 Intervenciones realizadas con la técnica hasta el momento, todas con éxito y sin complicaciones.

9 días De ingreso de la primera paciente.

≈ 50 % De los pacientes que reciben un trasplante robótico multipuerto serían aptos para el robot de puerto único, según Buisan.

50 Trasplantes de donante vivo con cirugía robótica al año, de media, de los que «al menos 20 o 25» podrían hacerse con el robot uniport, según Vigués.

10, 12 o 15 años Duración de los riñones de donante vivo, según Manonelles.

Menos dolor y una recuperación más rápida

El beneficio que más destacan los médicos es la menor agresión sobre el paciente. Buisan lo resume en el objetivo de que el paciente tenga menos dolor y que su recuperación sea mejor. «El dolor postoperatorio es mucho menor», afirma, y habla de una «reducción muy importante en la analgesia».

El caso de Silvia lo ilustra. Según Buisan, «prácticamente no necesitó analgésicos». La recuperación de las actividades diarias, añade, «es mucho más rápida». Ella estuvo ingresada nueve días y hoy no tiene molestias ni dolores físicos: su estado es muy bueno y sitúa su movilidad y su energía en aproximadamente el 95 %.

Francesc Vigués, impulsor del programa de trasplante renal de Bellvitge, habla de un «beneficio claro» para el paciente. Buisan reconoce que desde el punto de vista técnico supone un aumento de complejidad, pero sostiene que, si se traduce en un beneficio para el paciente, hay que asumirlo.

Los límites de una técnica que no sirve para todos

Los propios médicos subrayan los límites. El robot de puerto único no es aplicable a todos los pacientes y no sustituye a la cirugía abierta o a la robótica multipuerto en todos los casos. Vigués explicó que la incisión única no sirve para todos los casos: debe analizarse la anatomía de cada paciente y las características del riñón del donante.

Quedan excluidos, por ejemplo, quienes tienen arterias o venas múltiples en los riñones, en los que no es aconsejable aplicar la técnica. Según Buisan, sería apta para aproximadamente el 50 % de los pacientes que reciben un trasplante robótico multipuerto.

Con los números en la mano, Vigués calcula que, de unos 50 trasplantes de donante vivo al año con cirugía robótica, «al menos 20 o 25» podrían hacerse con el robot uniport.

Qué significa para los pacientes y los expertos

Para Buisan, la técnica es menos invasiva, produce menos dolor y una recuperación más rápida, aunque supone un aumento de complejidad técnica que, en su opinión, hay que asumir si beneficia al paciente. Vigués la considera un «beneficio claro». Buisan añade que la experiencia «abre un abanico de posibilidades futuras para ir explorando esta técnica en otras opciones».

Manonelles sitúa el marco general: el trasplante de donante vivo es, para ella, la mejor opción sustitutiva, y hacerlo de forma anticipada evita la diálisis. Silvia, por su parte, resume su experiencia en que su recuperación ha sido «mucho mejor de lo que pensaba».

Lo que viene: más trasplantes y nuevas indicaciones

El equipo mira ya más allá del trasplante de donante vivo. Buisan vaticina que la técnica podría expandirse a ciertos trasplantes de donante cadáver, al trasplante renal ortotópico y a los trasplantes renopancreáticos, aunque no lo concreta en fechas.

Por ahora, el balance es de cuatro intervenciones, todas con éxito. No se han dado plazos para las nuevas indicaciones, de modo que la expansión depende de que la experiencia clínica confirme su viabilidad en esos otros tipos de trasplante.

Una paciente que mira adelante

Con cuatro intervenciones realizadas, Bellvitge ha pasado de ser un centro que domina la cirugía robótica multipuerto a ser el primero de Europa en llevar el trasplante renal de donante vivo a una sola incisión. Pero detrás de la novedad técnica hay una pareja que decidió afrontar junta una enfermedad que llevaba diez años presente.

Silvia, que no quería que su marido pagara ningún precio por ayudarla, está hoy recuperada y con una energía cercana al 95 %. El riñón de su marido funciona en su cuerpo, y la cicatriz que le queda es una sola.

Por la redacción de GUAY.news.

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