La cueva de Abauntz, en Arraitz-Orkin, dentro del valle de Ultzama (Navarra), ha entregado seis fósiles de la mano de un neandertal que vivió hace aproximadamente 46 000 años. Son los primeros restos humanos atribuidos directamente a esta especie en el Pirineo occidental.
El hallazgo tiene un valor añadido: la conservación fue tan buena que ha permitido recuperar ADN antiguo y obtener dataciones directas. Con ello se ha podido saber a quién pertenecían los huesos y cuándo vivió. Este caso muestra cómo combinar varias técnicas puede resolver un vacío que llevaba mucho tiempo abierto.
El problema: pruebas sin huesos
Había numerosas evidencias arqueológicas de presencia neandertal en el Pirineo occidental. Sin embargo, nunca se habían identificado restos humanos atribuidos directamente a esta especie en la zona. Se sabía que los neandertales habían pasado por allí, pero faltaba la prueba más directa: sus propios huesos.
La ubicación de Abauntz hace que ese vacío importe más. La cueva está en una zona de paso natural entre la península ibérica y el resto de Europa, lo que la convierte en un enclave interesante para investigar la movilidad y las conexiones entre grupos humanos a ambos lados de los Pirineos.
Andion Arteaga, investigadora del Centre of New Technologies de la Universidad de Varsovia e investigadora asociada al IPHES-CERCA, lo resume así:
«Por primera vez disponemos de restos humanos que nos permiten identificar directamente la presencia de neandertales en Navarra. Este descubrimiento llena un vacío importante en el registro paleoantropológico del Pirineo occidental y abre nuevas posibilidades para investigar las poblaciones que habitaron esta región durante las etapas finales de la historia neandertal.»
Andion Arteaga, investigadora del Centre of New Technologies de la Universidad de Varsovia e investigadora asociada al IPHES-CERCA
La respuesta: varias técnicas sobre unos pocos huesos
Los restos se recuperaron hace un par de campañas de excavación, dentro de un proyecto de investigación iniciado por el IPHES-CERCA, en el que también participan el CENIEH y el Instituto de Arqueología de Mérida (IAM, CSIC-Junta de Extremadura). Las dataciones, los análisis paleoproteómicos y los estudios de ADN antiguo se desarrollan en colaboración con la Universidad de Viena y el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig.
El conjunto lo forman tres metacarpianos y una falange intermedia de la mano derecha de un individuo adulto, además de dos fragmentos óseos que han podido identificarse como humanos mediante técnicas de análisis de proteínas. En total, seis fósiles de la mano.
La combinación de análisis paleoproteómicos, estudios genéticos y dataciones radiocarbónicas ha permitido identificar los restos, determinar el sexo del individuo y establecer una cronología precisa.
Las pruebas: qué se ha podido saber
Los estudios genéticos han confirmado que los restos corresponden a un neandertal de sexo masculino. La excepcional conservación de los fósiles ha permitido recuperar ADN antiguo y obtener dataciones directas mediante carbono-14, que sitúan su vida hace aproximadamente 46 000 años.
Mikel Arlegi, investigador del Musée de l’Homme de París y codirector de la investigación, subraya la importancia de esa combinación:
«El hecho de haber podido recuperar ADN antiguo y obtener dataciones directas de los fósiles es especialmente relevante. Esta combinación nos proporciona una base excepcional para estudiar las características biológicas de este individuo y profundizar en las relaciones entre las poblaciones neandertales que ocuparon esta parte de Europa.»
Mikel Arlegi, investigador del Musée de l’Homme de París y codirector de la investigación
Algunos de los restos humanos presentan marcas de mordeduras de carnívoros. Esto aporta información sobre los procesos que afectaron a los huesos tras la muerte del individuo y sobre las circunstancias de su acumulación en la cavidad.
Los fósiles aparecieron en un contexto arqueológico que incluye también herramientas de piedra y restos de fauna. Algunos de esos restos animales presentan marcas relacionadas con su procesamiento y consumo por parte de los grupos humanos que ocuparon la cueva.
Límites y lo que viene
El descubrimiento está a la espera de ser publicado y revisado por pares, y su publicación no se ha confirmado. Es un matiz importante: los resultados se han presentado, pero aún no han pasado ese filtro.
Además, se trata de un único individuo y de seis huesos de una mano, de modo que lo que cuenten sobre toda una población tendrá que contrastarse con más material. Los estudios genéticos continúan en curso y podrían aportar nueva información sobre la historia evolutiva y las dinámicas demográficas de estas poblaciones. Las excavaciones y las diferentes líneas de análisis siguen abiertas.
El hallazgo se inscribe en una historia más amplia. Los neandertales desaparecieron de Europa hace alrededor de 40 000 años, en un contexto marcado también por la expansión del Homo sapiens. Los datos de Abauntz se suman a los de otros yacimientos, como El Sidrón (Asturias), que muestran la importancia de los estudios genéticos en neandertales.
Por la redacción de GUAY.news.





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