El nombre de Ai Tsunoda ya figura en los libros de historia del deporte español. La judoca, que a sus 24 años ha demostrado una determinación inquebrantable, logró ayer en Bakú (Azerbaiyán) el título de campeona del mundo en la categoría de hasta 70 kilos. Este triunfo no solo supone un hito personal para la deportista, sino que rompe una sequía de casi tres décadas para el judo femenino nacional en la máxima categoría mundial.
Para comprender la magnitud de esta hazaña, hay que remontarse a los años noventa. Tsunoda se convierte en la tercera española en alcanzar la cima del judo mundial absoluto, un club exclusivo que hasta ayer solo integraban Miriam Blasco, quien logró el título en 1991, e Isabel Fernández, que hizo lo propio en 1997. Han tenido que pasar 29 años para que una judoca española volviera a colgarse el oro en un campeonato mundial absoluto, una espera que ha terminado gracias a la constancia de una deportista que ha crecido rodeada de tatamis.
Una trayectoria forjada desde la infancia
La relación de Ai Tsunoda con el judo comenzó mucho antes de que el mundo conociera su talento. Hija del maestro japonés Go Tsunoda y de la judoca francesa Céline Roustant, el entorno familiar marcó su destino deportivo. Se puso por primera vez un judogi a los tres años de edad. Aunque durante su infancia probó otras disciplinas como la gimnasia artística, el judo terminó por imponerse. A los diez años, aproximadamente, comenzó su etapa de competición seria, un camino que la llevaría a destacar pronto en las categorías de formación.
Su progresión ha sido constante y ascendente. En 2019, Tsunoda se proclamó campeona del mundo cadete, un preludio de lo que estaba por venir. Posteriormente, demostró su dominio en la categoría júnior al ganar el título mundial en 2021 y revalidarlo en 2022. A pesar de tener tres nacionalidades posibles, la judoca tomó la decisión firme de competir bajo la bandera española, vinculando su carrera y sus éxitos al deporte de nuestro país. Este camino, sin embargo, no ha estado exento de obstáculos que han puesto a prueba su resiliencia.
Dentro de la cronología de su progresión en el deporte de élite, destaca también el bronce europeo conseguido en Zagreb en el año 2024, un metal que hasta la fecha constituía su única medalla en un gran campeonato absoluto antes de la gesta firmada en tierras azerbaiyanas.
Contexto: El camino hacia el oro
El éxito de Tsunoda en Bakú llega tras un año irregular en el que su mejor resultado había sido el bronce en el Grand Slam de París. Su trayectoria reciente incluía momentos complicados, como la derrota en la repesca en los Mundiales de Budapest del año pasado ante la neerlandesa Sanne van Dijke y el revés sufrido en la misma fase durante los Juegos de París ante la austríaca Michaela Polleres. Hasta la cita en Azerbaiyán, su único metal en un gran campeonato absoluto era el bronce europeo logrado en Zagreb en 2024.
Un torneo impecable en Bakú sin ser cabeza de serie
La actuación de la judoca en Bakú ha sido calificada de impecable, especialmente si se tiene en cuenta que no partía entre las cabezas de serie. Su camino hacia la gloria comenzó superando a rivales de gran nivel en combates de máxima exigencia. En las rondas iniciales dejó atrás a la azerbaiyana Sudaba Aghayeva, a la eslovena Nika Koren y a la neerlandesa Sanne van Dijke, a quien ya conocía de enfrentamientos anteriores en citas mundialistas.
En los cuartos de final, la deportista se deshizo de la sueca Ingrid Nilsson, consolidando de este modo sus opciones claras de medalla. La semifinal posterior se convirtió en un auténtico ejercicio de resistencia sobre el tapiz, donde la leridana necesitó llegar al punto de oro para lograr superar por un yuko a la serbia Aleksandra Andric, sellando así su pasaporte para el combate definitivo por el entorchado mundial.
La gran final y el balance definitivo para la delegación
El momento culminante de la competición llegó en la final, donde se enfrentó nuevamente a la austríaca Michaela Polleres, su verdugo en los pasados Juegos Olímpicos. El combate se transformó en una exigente batalla de desgaste que se prolongó durante 7 minutos y 20 segundos de máxima tensión deportiva.
La resolución del enfrentamiento y el título mundial llegaron cuando la contrincante austríaca fue penalizada con su tercer shido, otorgando de manera oficial la victoria y el oro a la representante española. Este triunfo eleva de forma notable el casillero nacional, situando en cuatro el número total de medallas conseguidas por la delegación española en la competición desarrollada en Bakú.
29 AÑOS Tiempo transcurrido desde que una judoca española, concretamente Isabel Fernández en 1997, lograra la medalla de oro en un campeonato del mundo absoluto previo a la victoria de Ai Tsunoda.
Por la redacción de GUAY.news.





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